Debo confesarlo, amo los coches, carros, autos, tarros, bólidos, cacharros; en fin en cualquiera de sus acepciones el término que define a un aparato con cuatro ruedas y un motor –a ser posible poderoso- bajo el capó, ha sido un objeto de especial fascinación para mí y por supuesto, no soy el único. Hay un extraño embrujo entre los hombres y los autos....continuar