La teta asustada
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Hay películas que son tocadas por la varita mágica de la esencia del séptimo arte, de esa cosa inmaterial e intangible...

Sin embargo y contradictoriamente, es su razón de ser, ya sea por su historia, por sus personajes, los actores y todos los elementos y parafernalia habituales en las grandes producciones, pero cuando un film concebido y rodado al margen de la industria, con esa cosa valiente y de aventura imposible que tienen las producciones independientes logra cautivar audiencias a través de una historia que llega al alma y consigue estar nominada al Oscar como mejor película extranjera, independientemente del cliché “me gustó o no me gustó”, por lo menos hay que respetarla y admirarla por sus logros, especialmente si la película en sí es hija del cine latinoamericano como es el caso de La teta asustada.

La teta asustada es un canto a la vida, a seguir creyendo en los milagros, comenzando por la historia de Magali Solier -su protagonista- que pasó de ser una de las tantas miles de mujeres con sangre indígena en sus venas y con un futuro marcado por la pobreza y la discriminación, a ser encumbrada a los más altos olimpos del cine y a convertirse en una figura internacional, pese a no ser y no tener un origen y formación académica; ni social ni políticamente correctas, de acuerdo a los cánones establecidos en su país, que no difiere demasiado del resto del entorno del continente.

La película en sí es una joya del cine, con un manejo del lenguaje austero y acorde a la historia, con esa lentitud “encantadora”

El manejo de los tiempos no está dado ni por los movimientos de cámara ni los efectos especiales, sino del trabajo interno del personaje, quien lleva dentro el devenir de la historia de acuerdo a su propio proceso, en un planteamiento actoral marcado por su directora, posiblemente basado en autores clásicos como Chejov o Ibsen y con la clara influencia de haber pasado muchas tardes en la Filmoteca descifrando a Bergman.

Luego el desafío, el trasladar todos esos elementos narrativos para construir una historia con esas influencias y características situándola en el Perú actual y mostrando el lado políticamente incorrecto de ese país, el de los traumas que dejó una década de violencia, sin importar de donde vino y la emigración a la ciudad escapando de la guerra y de la pobreza, para continuar con esta última como forma de vida en un sistema que ha hecho de la desigualdad una norma.

Todo lo anterior son temas tocados tangencialmente en la historia; es decir no son protagonistas, pero sí partícipes del drama de Fausta en su camino, ya que si tenemos que definir La teta asustada dentro de un género, sin duda la clasifico como una Road Movie, una película de caminos; del camino interno del personaje a la liberación en una suerte de tragedia griega a la inversa, cuyo punto álgido está marcado por la muerte de la madre de Fausta y de la necesaria regeneración y conversión de niña asustada a mujer en un entorno de pobreza y limitaciones, pero que sin embargo construye espacios para la alegría y la superación de las adversidades.

Todo esto en un proceso actoral interno magistral, una dirección impecable y un guión sólido y cargado de simbolismos que habrían deleitado a los viejos maestros… El detalle de la papa que Fausta introducía en su vagina… una papa, símbolo ancestral del alimento para los pueblos originarios de esta zona del mundo, convertida en el tapón de las emociones, negando la entrada a una vagina que se niega a sí misma y que carga con culpas y miedos heredados y mamados; en otro simbolismo sutil, pero férreo y tan real como la que nos pone la película en la cara, que es de la transmisión de miedos y traumas de padres a hijos en la rueda eterna de las generaciones; especialmente si hablamos en un entorno latinoamericano y desde la vivencia de los más desfavorecidos.

Y qué decir de la maravillosa metamorfosis de esta papa, símbolo de la transformación interna del personaje que acaba germinada y florecida con una Fausta crecida y liberada que carga con el cuerpo de su madre para depositarla frente al gran océano, en otro gran simbolismo de liberación, no sólo por el clásico final frente al mar, recurso eficaz y muy utilizado a lo largo de la historia del séptimo arte, lo cual ya sería bastante, sino que además, carga con la ruptura de la ancestralidad de las tradiciones con que culmina la liberación de Fausta al dejar a su madre en el lejano y desconocido mar, muy lejos de la tierra que la vio nacer y donde se supone, debía volver.

Bien por La teta asustada, más allá del gran éxito que ha tenido y que se refleja en los múltiples premios y galardones, que espero sean coronados con un Oscar, pero el éxito en sí de esta película es haber construido una historia real, emotiva y que remueve las fibras emocionales de quien la ve. Como dije al principio, está hecha de la esencia de las películas… los sueños que se hacen realidad.

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