San Miguel de Allende
Fotocortesía de www.rosewoodhotels.com

En el centro de la República de México, en el Estado de Guanajuato en la zona dominada El Bajillo (que en realidad está a 3000 metros denominada así por ser una zona relativamente plana), se encuentra la ciudad de San Miguel de Allende.

Esta encantadora ciudad que se ha convertido en una de las metas turísticas para el turismo nacional y extranjero nos ofrece sus encantos y su clima tan apropiado para largas caminatas, recorridos nocturnos envueltos en la magia de música de Mariachis, o de serenatas del siglo pasado, en donde se recorren sus calles empedradas, alumbradas por pequeños faroles y la luna, que agrega su magia al inolvidable momento.

Los hoteles en San Miguel de Allende, en la últimos años se han multiplicado en número y sus servicios son de 5 estrellas, conservando de todas maneras sus encantos coloniales.

En las mansiones familiares que cuentan con cientos de años, o edificios públicos, por ejemplo el antiguo convento de San Francisco, el cual fue transformado en hospedaje hace decenas de años, pero sin tocar nada de su arquitectura, se agrego un modesto elevador, por supuesto las comodidades de los baños en las habitaciones y se mantiene en su forma original.

Las habitaciones se reconocen no solamente por su número, sino por sus nombres, que según la leyenda eran habitadas por los monjes.

Un detalle que formaba parte del folklore del lugar hasta hace unos años, era la Habitación de la Loca, ubicada estratégicamente en la sala de la recepción, con un modesto aviso en que la gerencia del hotel pedía guardar el silencio y no perturbar.

No conozco visitante que no haya preguntado a dónde conduce esa puerta, y la contestación de los amables empleados era, a los aposentos de La Loca... automáticamente, todos los visitantes que no conocían el secreto, muy despacio, entraban a un cuarto, muy pequeño, a oscuras, sólo iluminado con una vela y en donde no había nada, una pequeña ventana enrejada, que se podía alcanzar solo subiendo dos escalones colocados debajo de la misma, que nos contaron que era para observar a La Loca. Subir los dos escalones y mirar, era un acto automático, a quien no le interesaba?, quien está libre de ese morbo?.........subir y mirar y encontrarse con un rostro que nos mira, a unos centímetros nuestro, tremendo susto. Pero lo que veíamos era nuestra propia figura reflejada en un espejo, colocado en lo que creíamos una ventana.

Tremenda bienvenida del hotel, que nos dejo sus huellas, a través de los años.

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