Lisboa

Las ciudades situadas al borde del mar y en una bahía son, de por sí, lugares especiales y dan al enclave natural, que primero fue puerto de salida o desembarco buscando el nuevo y dorado mundo…, o la tierra prometida…, o hasta aquí hemos llegado, pero lo que realmente importa es el resultado, el pueblo, la ciudad…, la puerta de entrada al mundo sólido y terrestre de viajeros de lejanos destinos y mundos -en las épocas que los viajes eran a través del mar- que fueron construyendo lo que hoy son ciudades imperdibles. Y Lisboa, la dama antigua es una de ellas.

Lisboa es una antigua dama cuya mirada quedó para siempre contemplando la enormidad y majestuosidad del Atlántico, su amor y razón de existir, y plasmando esa mirada en la retina de los millones de hombres y mujeres que se hicieron a la mar buscando un nuevo destino y un nuevo comienzo.

Lisboa es historia, es memorias de épocas gloriosas, de colonias, de imperio, de comercio. Historia de antiguos navíos que entraban y salían de sus aguas trayendo los tesoros de las colonias lejanas. Los frutos, las maderas y el oro, llevando como retribución, la lengua: El portugués. El portugués es un idioma meloso al oído, es del tipo de idiomas latinos y susurrantes, que se presta para ritmos y cantos que enamoran y desgarran.

Si vas a Lisboa debes conocer el Fado, ritmo lento, melancólico y que habla de amores perdidos, soledad, pena y ausencias. Llorado en letras que preferentemente, fluyen de una garganta femenina y que, al unir la imagen de la ciudad y su gente, amistosa y amable, saben vivir como los herederos pobres de los apellidos y glorias pasadas. Unir estos dos estímulos sentir en tu piel la esencia de Lisboa: Energía.

Caminar por Lisboa tiene un especial y único encanto, no hace falta recorrer todos y cada uno de los castillos, palacios, torres, plazas y otras cuantas maravillas arquitectónicas que encuentras en esta ciudad, que las hay y muchas, pero no es necesario tanto estrés. Lisboa, invita a la reflexión, a la caminata ausente y al dejar que los sentidos se desborden.

Basta subirse a uno de los pequeños barcos que atraviesan la bahía y que unen dos puntos opuestos de la ciudad para contemplarla desde el mar y verla remontarse hacia el cielo. Multicolor, antigua y hermosa, mientras el pequeño barco cumple con su tarea diaria de ser el metro de las aguas, un transporte público que se comparte con la gente del lugar.

Para volver del lejano extremo al que llegamos por mar, lo recomendable es hacerlo en transporte público y cruzar el majestuoso puente, el 25 de abril, muy parecido al de San Francisco, para tener la visión desde otro ángulo.

Lisboa, insisto, es un destino eminentemente cultural, que invita la descanso y a la reflexión

Y, a propósito de sentidos, otro de los buenos e importantes motivos para visitar Lisboa es su comida: La gastronomía portuguesa es delicada y exquisita y, por sobre todas las cosas, ha hecho del Bacalao su máxima expresión, llevándolo a la categoría de arte en sus más de mil formas de prepararlo, pero que de ninguna manera desmerece los pescados, mariscos y carnes, que no son sólo patrimonio de Lisboa, sino que de todo Portugal.

Estos platos son el resultado de la fusión cultural, especias y sabores de Europa, África y la lejana América en una mezcla exquisita y placentera, especialmente si es compartido con un vino blanco de la tierra, joven y fresco.

Lisboa es el destino perfecto para una escapada de fin de semana para quienes están en Europa; especialmente en España. Si se viaja con niños, en Lisboa, no hay grandes parques ni montañas rusas, pero puede ser muy interesante si se aborda la visita a Lisboa como una actividad divertida y didáctica y en la que los pequeños puedan conocer la historia de la colonización, las grandes migraciones y los descubrimientos.

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