El ajedrez
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Existe una variedad de objetivos para el que se adentra en el vasto universo ajedrecístico. El ajedrez, como bien se sabe, resulta un juego, en tanto es divertido y lúdico, un deporte, ya que se compite incluso en la órbita olímpica y, para los profesionales una ciencia inagotable.

Por esta triple condición y vastedad de análisis, el tablero de 64 escaques, que tiene un diseño alternado de casillas con colores diferenciados, se acerca a la herramienta ideal para el desarrollo intelectual del niño y esta afirmación tiene peso científico en los ámbitos de la enseñanza pedagógica y en la psicología infantil.

Estrategia

La enumeración que sigue no tiene un orden de prioridades especificado. A decir verdad, es difícil elegir entre las dotes que el ajedrez potencia, despierta y estimula. En pocas palabras lo que se pretende que una persona aprenda en la vida está contenido en este reducto espacio donde la magnificencia probabilística, el temple del jugador y sus capacidades tácticas y estratégicas cobran pleno ejercicio y afinación.

Memoria

La memoria es un área del “combo cognitivo” que se expande, sin dudas, con la práctica de este juego-ciencia. No sólo porque deben tenerse presentes las reglas y variedad de movimientos de la piezas sino porque también las aperturas tienen un componente memorístico importante. Un olvido ante determinadas instancias de la apertura y se estará cometiendo un error fatal que culmina en la rendición o muerte del rey.

En este sentido puede decirse que el ajedrez tiene elementos empíricos, situaciones y aprendizajes cosechados por medio de la experiencia o el estudio sistemático de situaciones típicas que deben recordarse.

Atención

El estado alerta que requiere concentración profunda es tal vez lo que representa mayor dificultad a los más pequeños, pero el interés en el juego, la pasión que produce en sus protagonistas y el deseo de ganar fuerzan a mantener la concentración en el tablero y a examinar cuidadosamente los próximos pasos.

No debe nunca desperdiciarse esta posibilidad didáctica desde lo complejo que involucra la relación entre las personas invitando al análisis de cada nuevo movimiento y su respuesta. Los procesos involucrados en este orden de pensamiento ayudan a elaborar esquemas sintéticos como una manera de simplificar el alto grado de complejidad que se combina en el tablero a partir del juego medio.

Análisis y decisión - Velocidad de respuesta

Otra capacidad que se acrecienta y pone a prueba es la velocidad de reacción ante situaciones divergentes en la partida (Donde hay muchos resultados posibles). En este campo es donde deben tomarse las mejores decisiones entre una gama muy extensa de posibilidades. La imprescindible cualidad de reaccionar ante los ataques del adversario, en el campo de batalla abstracto de este entretenimiento, permite adiestrar al niño en cuestiones que exigen respuesta para la resolución de problemas.

Cuando ya el juego está avanzado y la dispersión de las piezas parece caótica respecto a sus posiciones originales, las diferentes posiciones ofensivas y defensivas, se exhiben ante el jugador como un terreno propicio para la creación de posiciones ventajosas, en ocasiones de una belleza artística.

El genio que vive en el niño respira entonces el oxígeno ideal para la imaginación innovadora

El sentido del paso del tiempo

Sin embargo, no debe dejarse de observar el conteo de fuerzas, la estimación del tiempo en el reloj y en el desarrollo propiamente dicho, es decir, el razonamiento lógico que lo convierte en una ciencia exacta más allá de que los números parecen no alcanzar a dimensionar su amplísimo universo. El conocimiento científico que el estudiante va desarrollando en las clases de ciencias naturales está presente también en el control sistematizado del razonamiento ajedrecístico.

Saber ganar, saber perder

No menos ricas son las cualidades que este juego fertiliza en el mundo emocional. El componente humano debe estar equilibrado en tanto es crucial contener la rabia o la depresión tras un movimiento equivocado. Muchas partidas que materialmente o estratégicamente están perdidas pueden “darse vuelta”, especialmente cuando al jugador le motiva la aflicción o aprovecha la tranquilidad en que a veces, el contrincante con ventaja clara, se reposa. Por eso el ajedrez es un buen entrenamiento para la adquisición de actitudes empeñosas, pacientes y controladas en la vida social cuando se enseña a soportar la derrota.

Una enseñanza implícita en el hecho de participar en partidas y torneos de ajedrez es el respeto por las normas del juego. El no cumplimiento de las reglas inhibe el funcionamiento del juego. En los torneos de partidas relativamente largas, hora y media por jugador, cada movimiento se registra en una planilla y hay fiscales controlando cada mesa.

La planificación

El inmenso número de combinaciones posibles contribuye a encontrar situaciones nuevas en diferentes regiones del cuadrilátero. Esto empuja al jugador a reordenar su ataque o defensa dando las pautas necesarias para un adecuado desarrollo de la adaptabilidad a los cambios. Una clara lección de que no se puede planificar el futuro sin tener en cuenta la aparición de situaciones no previstas y la capacidad de ajustarse a ellas de la mejor manera.

Socialización

También el clima de juego contribuye a la empatía, la amistad, la camaradería teniendo un rol preponderante en la autoestima del individuo en tanto la consecución de sus objetivos cuando gana y el aprendizaje de sus errores cuando pierde. En este hilo, este deporte contribuya al trabajo en equipo y la sociabilidad de sus participantes.

Finalmente diremos que es una herramienta fundamental para la interacción cultural ya que al estar extendido en todo el mundo una partida de ajedrez puede poner, frente al joven, personas de diferente origen y forma de vida cuestión que fortifica la tolerancia, la pluralidad y el desarrollo de una sociedad a favor del elemento multicultural en nuestras vidas.

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