La educación adolescente
La educación adolescente

El problema de la deserción juvenil en Latinoamérica ha saltado en los últimos sondeos en materia educativa. Profesores sin incentivo, bajos sueldos, un presupuesto bajo para la educación -y que ya es tradicionalmente postergado ante las llamadas “urgencias sociales”- desembocan en la falta de orden, de “señuelos” de atracción. La gratuidad de la enseñanza no alcanza, falta una reforma que asegure el atractivo de tomar clases.

El problema se ha abordado desde una investigación previa desde organismos oficiales y otros frentes no gubernamentales como lo son las ONG y las investigaciones privadas de estudiosos del desarrollo mental del niño.

Primero se hace un diagnóstico y se exponen a revisión las experiencias de contención del fenómeno de “huída del aula”.

Si bien las causas de esta evasión estudiantil pueden ser variadas, en ciertas urbes como Bs.As., se ha responsabilizado principalmente a la violencia que reina en los centros de enseñanza.

Otros métodos de retener alumnos incluyen talleres donde se realizan diversas tareas prácticas y cognitivas teniendo en cuenta las dificultades del adolescente en este período tan escabroso de la vida.

La adolescencia, que viene de “adolecer” o “sufrir” algo, es considerada para algunos autores como la última etapa o fase del desarrollo infantil en la transición a la adultez. En este período del desarrollo de la personalidad se observa la capacidad de pensar en abstracto y en el “exilio” o escape del centramiento propio de la infancia “ególatra” o “yoísta” en que el pequeño quiere todo para sí o desea ganar la máxima atención posible.

Se conoce que el desarrollo psicosocial empieza con la relación madre e hijo y luego se contrasta con la interacción con los demás vínculos afectivos de la familia.

Antes de los 3 años, el niño toma conciencia de sí mismo y comienza a perfilar su propia autonomía y sus gustos particulares. Estos serán los primeros pasos de lo que será posteriormente su forma de pensar y de ser. En el período escolar es donde pueden observarse las debilidades y fortalezas del joven de cuya potencialización y buena interpretación dependerá la “educabilidad” del alumno.

La autoestima y el ánimo del joven sufrirá altas y bajas y así también su sensación de dependencia o autonomía con respecto a su entorno familiar. Llegando esta inestabilidad a su punto crítico en las fronteras del cambio pequeño-adulto.

Un cóctel hormonal y la búsqueda de la identidad, de la libertad e independencia que lo caracterizan, lo convierten al adolescente, en fenómeno poco manejable dentro de un aula de estudio, principalmente porque hay muchos individuos en la misma situación.

En este orden de cosas, la transformación de esta etapa de la vida, toca todo el espectro personal y colectivo. El joven busca afirmar su identidad sexual, religiosa, política, busca tener una opinión formada respecto a las diferentes problemáticas del momento.

Lo que busca el individuo en definitiva, es poder contenerse a sí mismo y ser capaz de incidir, aportar y empujar un poco más al mundo hacia un mañana apropiado para la vida. Es característica de la personalidad de los adolescentes, el tratar de cambiar el mundo, el tratar de hacerlo más cercano a sus necesidades, por eso se manifiestan en una relación de rebeldía para con el entorno.

Lo educadores y los políticos gobernantes, así como el pueblo gobernado, deben redimensionar esta cuestión de la importancia de la educación como capital humano y como medio decisivo de evolución global.

Es que el mundo cambia y mucho, en forma vertiginosa y los cambios educativos suelen estar condicionados a un sistema burocrático que dificialmente mide sus tiempos en menos de la unidad años y siempre va un paso atrás.

El problema está en todavía muy compleja y lenta burocracia de los pueblos de América Latina, y debería tomarse en serio; porque con una educación más acertada tendríamos menos problemas sociales; los adolescentes no son niños con piernas largas, el sistema educativo debe ofrecerles un bagaje de herramientas para la vida, pero para la actual, el presente de ahora.

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