cerebro
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El cerebro contiene en primer lugar un hondo misterio. Alguien dijo una vez que para poder entenderlo debería simplificarse tanto que ya no se preguntaría sobre sí mismo. La incertidumbre sobre lo que es esencialmente el pensamiento y su gestión está condicionada por la forma de percibir el mundo y en esa misma condicionante está la percepción que tenemos del soporte físico que llamamos complejo encéfalo-craneano.

Pero en términos materiales, el cerebro, se ve como una masa arrugada, surcada de pliegues e irregularices, donde predominan los colores rosas y grisáceos y que tiene un peso aproximado a los 1300 gramos.

El cerebro se divide en dos hemisferios simétricos idénticos, uno izquierdo y otro derecho que sin embargo no cumplen las mismas funciones. Ambas mitades permanecen ligadas entre sí por la existencia de un tejido saturado de fibras nerviosas denominado Cuerpo Calloso. La materia gris o masa neuronal se centra en un espacio pequeño, poco más grande que un coco, donde mil millones de circuitos trabajan en la forma material más organizada que se conoce hasta ahora en lo que se ha estudiado del universo.

Montado por la propia naturaleza dentro de un blindaje óseo, el cerebro, reposa en la cavidad craneana entre tejidos adiposos y flotando en un líquido “amortiguador”, el soporte físico de las ideas, la cultura y la llamada actividad pensante contiene una multitud de neuronas enlazadas entre sí que reformulan el mundo a través de una red de mensajes químicos, eléctricos y biológicos.

Las investigaciones más reveladoras respecto a la división cerebral y sus diferentes funciones específicas han venido de la mano del profesor Tadanobu Tsunoda de Tokio quien ha contribuido significativamente en la definición de patrones cerebrales a partir de experimentos auditivos con personas de diversa lengua natal.

El lado derecho del cerebro es el que predomina en los zurdos ya que es el hemisferio que comanda el lado izquierdo del cuerpo. Se caracteriza además porque en él acontece la inspiración artística, el sentido musical, la asociación por imágenes dándole un papel preponderante a las funciones afectivas e intuitivas así como la formación de la imagen global.

El hemisferio derecho tiene relaciones con el subconsciente y en él toma vuelo el pensamiento creativo. Se pone de manifiesto aquí el espíritu de los maestros de la plástica, los poetas, los soñadores, por eso se entiende que es productor de la inteligencia emocional.

Se halla responsable también, a esta región cerebral derecha, de la noción tridimensional y, debido a su inclinación por lo sensorio, es impulsora de la aventura y el riesgo.

Tras 15 años de investigación, Tsunoda comprobó los sonidos puros y las vocales fijas se procesan en el hemisferio derecho mientras que las sílabas, que tienen un nivel mayor de complejidad y significado, se procesan en el otro, donde se produce la lectura de nociones más abstractas.

El hemisferio izquierdo, al revés que el derecho, gobierna los miembros del lado derecho y, en tanto se sabe que la mayoría son diestros, también se puede deducir que el desarrollo de esta región es la dominante en el género humano.

El hemisferio izquierdo constituye una zona cerebral extraordinariamente compleja y es aquí donde se hallan las asociaciones lingüísticas y las funciones verbales que nos diferencias de los demás animales.

Se han definidos dos partes en esta zona izquierda del órgano rector del cuerpo: El área de Broca, que rige las funciones del habla y más específicamente los comandos que articulan la palabra; y el área de Wernicke, donde se dan los procesos de comprensión lectora y selección de los términos en abstracto.

Cuando se han sufrido lesiones en la mitad izquierda del cerebro la persona puede perder el habla, la escritura y la capacidad de ejecutar razonamientos lógicos como lo son las operaciones algorítmicas. Las habilidades matemáticas, comparativas y deductivas se hallan también en este sitio siendo este hemisferio izquierdo el más estudiado hasta el momento.

De hecho los experimentos para diferenciar las funciones de un hemisferio u otro se llevan a cabo mediante pruebas auditivas y un aparato con un botón con el que el sujeto de observación o voluntario, debía transmitir un ritmo que se reproduce y conduce por un auricular a uno de sus oídos. Por el otro oído se estará reproduciendo un ritmo ralentizado respecto a primero, es decir, retardado algunas décimas de segundo. Los experimentos se hacían aumentando el volumen de uno u otro auricular en distintas frecuencias, quedando registro de sus audiciones gracias a la digitalización de los sonidos escuchados por medio del botón.

Reprodujo, por los auriculares diferentes estímulos: Risas, expresiones complejas, sonidos simples hasta que quedó clara la diferencia. El hemisferio izquierdo estaba a cargo del reconocimiento de las voces humanas y animales, cálculos, vocales y consonantes mientras que el derecho reaccionaba ante la música y los sonidos mecánicos.

Cuando los experimentos realizados en japoneses era ya concluyente, el profesor Tsunoda descubrió que los resultados variaban según fuera la lengua natal del sujeto observado.
Pero las conclusiones del profesor Tadanobu Tsunoda fueron sorprendentes en tanto que no sólo halló los hemisferios comprometidos en determinadas funciones sino que además y accidentalmente, comprobó que el experimento tenía otro resultado en los franceses.

Los occidentales tenían diferencias en las funciones de sus respectivos hemisferios con los orientales ya que los japoneses tenían más sobrecargado de funciones el lado izquierdo. La distribución era diferente aunque había unas cuantas coincidencias:

Ambos grupos albergaban en el hemisferio izquierdo funciones complejas como la lengua, el cálculo y las consonantes. Los orientales añaden al grupo del hemisferio izquierdo la voz humana y de animales, el sonido de los instrumentos musicales de su nación y los sonidos de los insectos.

Estos elementos mencionados en el último párrafo, en los occidentales, están ubicados en el otro hemisferio, junto a las vocales y la música, sea del país que sea.

Ahora bien, el desarrollo de un hemisferio no implica el estancamiento del otro. Se puede estimular ambos hemisferios para que trabajen al mismo nivel, de hecho, es una característica de los genios el tener funcionando ambos hemisferios coordinadamente. Lo cierto es que más que el número de neuronas lo fundamental es la densidad de interconexiones entre las mismas y la coherencia de sus funciones especializadas.

Como una intriga profunda nos queda haciendo eco una pregunta: ¿Finalmente la conciencia se desprende del proceso electroquímico neuronal o es este último el que se desprende de la conciencia?

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