Solteros y casados

Existe esa eterna rivalidad burlesca entre solteros y casados, como una lucha por tratar de demostrar quién es más feliz. El soltero hace alarde de su libertad y supuestamente ello podría entenderse como expansión al plano sexual. Mientras que el casado puede mostrar la unidad familiar y tener la posibilidad de estar acompañado en las buenas y en las malas. “Hasta que la muerte los separe”, dice el cura, ojo con tomarse esto al pie de la letra, es sólo un eufemismo y como tal hay que tomarlo.

Todo depende del cristal donde se lo mire.

El lado femenino

Una mujer soltera a los 30 es realmente atractiva para el hombre y puede despertar todos sus dotes actorales en busca de ese amor.

A los 40, ya la muchacha “algo” ha de tener para estar soltera, igual es atractiva la búsqueda de explorar esa experiencia y que ese “algo” sea simplemente que necesitaba la llegada del hombre afortunado, que justo vaya uno a saber por qué puede llegar a ser ese que se imaginó todo eso; aunque ya es otro tema, mientras sean felices y coman perdices…

A los 50, ya la mujer si está soltera en el imaginario masculino empieza a correr rumores de que ha de ser una histérica insoportable, que por algo nadie la banca a esa edad; y el más machista piensa que si alguien se le acerca es para “hacerle un favor”.

El lado masculino

El hombre soltero a los 30, si está bien en forma y culturalmente es medianamente aceptable es todo un caramelito de miel apetecible, que las mujeres pueden llegar hasta romper lazos de amistad en esa desenfrenada búsqueda.

A los 40, si el tipo también se mantiene bien, tiene un toque enigmático, de misterio que igualmente atrapa a la mujer en develar esos secretos que puede esconder ese galán (en la imaginación de la señora, claro, el tipo puede ser simplemente “pasable”); en definitiva, tiene un gran atractivo y lleva las de ganar igual.

A los 50 ya la cosa se empieza a complicar, las mujeres se preguntan si éste anda solo por algo será, anda a saber los dramas que habrá tenido en su vida, ni vale la pena complicarse. O también, “éste para mi ha de ser medio raro”, como ya insinuando a modo de sospecha sobre su sexualidad.

Hay para los dos lados, profundizando en definiciones simbólicas podríamos decir que

el amor se da en dos torrentes de fuerzas avasallantes, dos llamas que se entrecruzan, se atraen se unen, se atormentan y finalmente una causa superior deja todo eso en un segundo plano

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Algunos estudios difundidos por la agencia EFE dice que los casados son más exitosos, en fin, cada uno puede tomar ese dato como válido o no, tampoco uno es quién para ponerse a dudar de esas estadísticas. Pero es eso: Estadísticas, después cada casa es un mundo aparte.

Y si nos vamos a adentrar en estudios estadísticos, podemos citar a Andrew Oswald y Jonathan Gardner, de la Universidad Warwinck, quienes obtuvieron como resultado que los hombres casados fueron un 6,1% menos propensos a morir en 7 años que los solteros.

Otro dato que también podemos decir: Respetamos mucho a estos dos estudiosos señores, pero tengo un amigo que murió a la semana de casarse. “El cigarrillo lo mató”, me dijo la esposa. “Pero no puede ser”, repliqué al instante sorprendido, “si apenas fumaba dos cigarrillos por día”. Ella entre sollozos me contestó: “Sí, lo que pasa es que me dijo voy al kiosco a comprar cigarrillos y al cruzar la calle lo atropelló un autobús”.

La rivalidad jocosa, en forma de broma sana siempre seguirá, pero eso de mayor o menor felicidad, mi amigo, va en el interior de cada uno, en esa búsqueda personal que todos emprendemos en esta vida, caminando hacia el horizonte soñando despierto con la utopía de la felicidad; que utopía deriva del latín u-topía, que significa: “lugar que no está en ninguna parte”; claro, en ninguna parte física, está en nuestra alma. Y ese es el camino a recorrer que cada uno definirá, a su leal entender y saber, cómo es la mejor forma de transitarlo.

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