Familias ensambladas

Cambios constantes se producen en las sociedades actuales. La globalización, la incorporación de la mujer al mercado laboral, la evolución ha puesto de manifiesto nuevas formas de “organización” personal y familiar en las que los vínculos establecidos van mucho más allá de la biología. No existe ninguna duda que, las sociedades han cambiado, los modelos altamente dinámicos, no se circunscriben a ningún ámbito en exclusiva. Cambian los modelos productivos, cambia la forma de desarrollarse profesionalmente, cambia la forma de enfrentar las diferentes situaciones que la vida nos pone por delante.

Las familias ensambladas, término que hace referencia a un conjunto de personas unidas por las circunstancias de la vida conformando un núcleo familiar y, especialmente, un hogar. Padres separados, divorciados o viudos, que tienen algún hijo fruto de su relación anterior y que conforman una nueva unidad familiar con otra persona, habitualmente en las mismas circunstancias.

La historia de las familias ensambladas se remonta al periodo de la posguerra, cuando los viudos y viudas de la guerra conformaban un nuevo hogar. Hoy, es occidente quien ostenta el record de personas solas con hijos que forman un nuevo núcleo familiar.

En este panorama, encontramos habitualmente, hijos que se crían como hermanos biológicos sin serlo y padres que crían hijos como biológicos sin serlo y es precisamente en ese proceso, fascinante de biología del corazón, sobre el que nos concentramos.

No cabe ninguna duda, por mi experiencia personal que, conformar una familia ensamblada debe partir de un acto de amor, amor en el sentido más amplio del término. Sin pretender ser emocional, un afecto de forma voluntaria, un grupo de personas que se unen y establecen una convivencia en la que el objetivo es lograr algo ciertamente abstracto; la felicidad.

Antes de entrar en el análisis con los datos técnicos sobre la evolución de las familias ensambladas, analicemos los actores que intervienen en esta nueva forma de convivencia.

  • Tenemos dos adultos, un hombre y una mujer que por alguna circunstancia, su proyecto de vida anterior no funcionó, ya sean separados, divorciados o viudos. Se ven convertidos, de forma obligatoria, en familias monoparentales con hijos que criar, en soledad
  • Tenemos a los hijos, niños de familias desestructuradas, admitámoslo, por muy aceptado que esté, un niño necesita una figura paterna y una materna para desarrollarse plenamente
  • Tenemos a los y las ex, una figura gravitante, presente y con cierto peso específico dentro de la nueva fotografía familiar
  • Y a los familiares de ambas partes, cada uno con su punto de vista pero sin un grado de determinación excesivo

Este nuevo grupo de personas, inmersas en un enorme vacío legal en prácticamente todas las sociedades, se enfrentan a una situación en la que todos los lazos, vínculos y cambios, deben realizarlos por si mismos y con un único instrumento: El amor.

Ciertamente, alas sociedades se modifican con mayor lentitud que las personas que las conforman y en términos familiares, todo lo que no sea una familia tradicional, no está contemplado como “legítimo”.

Hace algunos años, ni siquiera existía un concepto específico para denominar este tipo de uniones y, para definirlas, se utilizaban términos como “segundas nupcias”, “hijos no legítimos”, “familias no biológicas”, etc.… términos todos ellos que aportan un cierto grado de desvalorización a la nueva unidad familiar.

Y, si lo analizamos desde la perspectiva de los hijos, casi es peor. Padrastros y madrastras que recuerdan a los cuentos de Hansel y Grettel y otras historias infantiles, en los que ambas figuras eran malvadas y terroríficas, dejando entrever siempre el rechazo y la falta de amor unido a la ausencia de un vínculo biológico.

El establecimiento de una familia ensamblada cuenta con una estructura única, distinta a las familias tradicionales, ¿Por qué?

Porque las familias ensambladas nacen de un proceso de duelo, es decir de una pérdida, esto significa que todos los miembros que la conforman vienen de vivir una pérdida, un proceso de dolor y alejamiento, por lo tanto han atravesado el tortuoso camino que lleva al crecimiento, esta situación les hace estar más abiertos al establecimiento de lazos que se basan en la esperanza, la ilusión y la paz, de un nuevo comienzo.

En las familias ensambladas, los ciclos vitales tradicionales no existen. Una mujer puede encontrarse de pronto siendo madre de una pequeña de siete años sin ni tan siquiera haber vivido su primera infancia, lo que sin duda, tanto para la mujer como para la niña obliga a un proceso de apertura distinto en el que se deben equilibrar y conciliar necesidades diferentes.

Nunca debe intentar establecerse un vinculo parental si no ha nacido previamente el vínculo emocional, esto es una de las premisas básicas sobre las que asentar el establecimiento de una familia ensamblada, la nueva pareja es él o ella y el o los niños que le siguen y dependen de él, si no se está dispuesto a amar en global y a dar lo mejor de si mismos, es mejor no intentarlo.

En las familias ensambladas, relaciones filiares están por delante de las relaciones de pareja. No podemos olvidar que los celos, lealtades y conflictos son inherentes a la condición humana, en el periodo de adaptación de una familia ensambladas se produce un coctel explosivo de sentimientos que vuelan de un lado a otro.

Los hijos sienten un cierto rechazo por el nuevo padre o la nueva madre, los padres y las madres sienten celos de los hijos biológicos de la pareja, cada una de las partes tiene una tendencia innata a defender lo que es suyo. El proceso de consolidación de una familia ensamblada, ciertamente requiere un ejercicio consciente de madurez, apertura y amor.

Salvo que los hijos sean muy pequeños y el padre o madre biológico/a haya fallecido, existe una figura presente en la vida de los niños, ya sea a través de visitas periódicas o del recuerdo del progenitor ausente, por lo que para los niños, puede ser complicado aceptar una nueva figura que forma, educa y establece normas básicas de convivencia.

Un punto y aparte en las familias ensambladas es la forma en la que se concilia el nuevo núcleo familiar con la presencia constante de la anterior pareja.

La sola presencia de la pareja anterior, puede provocar conflicto entre las partes ya que, los celos, inherentes al ser humano siempre hacen acto de presencia cuando se es plenamente consciente que hay una presencia legítima y biológica que siempre va a estar ahí. Esos procesos son completamente normales y, será solo el tiempo quien se encargue de minimizar los sentimientos para dar paso a una visión más pragmática de la situación.

Idealmente, el mejor camino consiste en establecer una convivencia en la que el núcleo familiar sea lo único que cuenta, con independencia de que, si o sí, hay que aceptar al otro/a.

Muchos abuelos, muchos tíos, muchos primos… los niños de familias ensambladas, adoptan a los familiares de sus nuevos hermanos y viceversa creándose una serie de lazos emocionales que pueden llegar a ser muy intensos. No podemos olvidar que los niños, establecen sus vínculos en base a sus sentimientos y que para ellos conceptos como genética o biología, no tienen sentido alguno.

Tener la posibilidad de conformar una familia ensamblada es una nueva oportunidad de la vida, un nuevo comienzo, un nuevo proyecto. Un nuevo hogar, cuanto más honestos seamos, cuanto mayor sea el grado de vinculación que estemos dispuestos a asumir y cuanto más del corazón salgan nuestros vínculos, más consolidada estará la nueva familia y más enriquecedora será la experiencia para todos los miembros que la conforman.

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