Fritz Haber,
Fritz Haber (apuntando con la mano en el lado izquierdo), es considerado como el padre de las armas químicas debido a su participación en la Primera Guerra Mundial.

Desde el inventor del AK 47 hasta Leonardo, han sido numerosos los genios del arte y de la ciencia que han dedicado la mayor parte de su vida a desarrollar ingenios con los que matar más y mejor al enemigo.

Cierto que algunos de ellos lo hicieron por puro amor a la patria, aunque otros se vieron obligados para poder proseguir a la par con otros proyectos que estaban desarrollando y no ser así privados de fondos de financiación o incluso encarcelados por traidores al país.

Ya desde los inicios de la Democracia, en la Antigua Grecia, el primer político de la Historia que llegó a contratar abierta y explicitamente a científicos expertos para el desarrollo de ingenios militares fue Pericles, en el Siglo V a.C. Para él trabajó el inventor de algunos aparatos que con posterioridad otros han ido mejorando hasta tener los tanques de hoy en día; Artemón.

El primer ariete que desarrolló Artemón era bastante primitivo, y constaba de un enorme tronco en el que se colocaba delante una cabeza de carnero para derribar las puertas o muros de las ciudades con las que se disputaban los conflictos bélicos. Gracias al invento de Artemón, Atenas pudo convertirse en toda una potencia militar en el territorio helenístico, sin embargo pronto otros fueron mejorándolo añadiendole en principio ruedas, luego escudos colocados de forma estratégica para proteger a los soldados que portaban el ariete, y otro tipo de mejoras hasta la llegada de la mecanización.

El emperador Alejandro Magno logró tener en su corte a los mayores expertos de la época en industria militar, lo que varios historiadores declaran hizo posible la mayoría de sus conquistas.

Algunos historiadores como Messadié han llegado a sugerir que los chinos ya podrían disponer de armamento relacionado con bombas incendiarias, lanzallamas e incluso armas biológicas para intoxicar a los ejércitos rivales en la Antiguedad.

Apenas entrada la Edad Media coincide un período de oscurantismo evolutivo, que abarca no solamente a la física u otras áreas sino también a la propia industria militar. De esta forma, según estudiosos de la Universidad de Murcia en España, los textos militares en la Edad Media pasaron de contener informes sobre ingenios bélicos a recoger historias de caballeros sin informar prácticamente de novedades.

No sería hasta el Siglo XIII cuando un descubrimiento prácticamente accidental revolucionaría la Historia de las conquistas y del arte de la guerra. El fraile británico Roger Bacon descubriría las aplicaciones militares que tenía la pólvora en las armas de guerra como fusiles. Hasta entonces los chinos ya la habían utilizado, pero fueron los europeos los que la aplicaron para los ingenios bélicos.

Nicolas Tartaglia en pleno renacimiento presentó en el libro La Nueva Ciencia cálculos matemáticos sobre la trayectoria de proyectiles que más adelante fueron avalados por Galileo gracias al estudio sobre caída de cuerpos.

Pero si hasta esa época el factor determinante y decisivo en las batallas fue siempre el número de soldados y su valor en la guerra, con el tiempo cada vez más los científicos han mostrado interés en el desarrollo de armas que pudieran ser lo más sofisticadas posibles y dependieran en menor medida del factor humano.

Así, el químico célebre en Alemania Fritz Haber (1868-1934) ha pasado a la Historia con el dudoso honor de ser el artífice de la guerra con armas de destrucción masiva en la modernidad. Suya fue la iniciativa de que Alemania utilizara en la Primera Guerra Mundial gases para intoxicar a los ejércitos enemigos.

Uno de los inventos militares más relevantes del Siglo XX es sin duda el famoso fusil que lleva el nombre de su creador; Kalashnikov. En el año 1942 en plena guerra patriótica contra los invasores alemanes su creador se encontraba ingresado en un hospital recuperándose de heridas de guerra pero no dejó de investigar para crear un arma mejor que las utilizadas en el frente hasta el momento. Su fusil tiene el honor de ser el más comercializado durante el pasado Siglo XX por todo el planeta llegando a 70 millones de ventas.

Lo que muchos no sabrán es que fue el científico alemán Werner von Braun quien diseñó los primeros cohetes V2 para el ejército del III Reich de Adolf Hitler. Años después cuando los aliados vencieron al Imperio Nazi, él fue recogido, mimado y llevado a Estados Unidos donde el gobierno se encargó de "suprimir" su pasado de los libros de Historia, cosas como los miles de esclavos judíos que utilizó para desarrollar los misiles V2 y alargar la guerra. Él fue más adelante uno de los principales artífices de la llegada del primer ser humano a la Luna.

No sería hasta 1995 cuando algunos de los científicos más importantes comenzarían a plantear seriamente el papel de la ciencia al servicio de la industria militar. Ese año el polaco Józef Rotblat, físico y único experto que abandonó el Proyecto Manhattan con el que se diseñó la bomba atómica, propuso a sus colegas un documento que a modo de juramento de Hipócrates recogiese la voluntad de los nuevos hombres de la ciencia para no servir a fines bélicos.

No obstante a día de hoy incluso investigaciones relacionadas con los coches eléctricos necesitan de inversiones del Pentágono en Estados Unidos para poder ser financiadas y sus proyectos desarrollados por científicos. Muchos denuncian que siempre antes de darse para fines civiles los militares exigen probar las innovaciones que se estudian en el campo de batalla.

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