Dia Internacional del Inmigrante
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Era un 18 de diciembre de 2000 cuando, debido a una tendencia en auge, la Organización de las naciones Unidas, intentando proteger los derechos de los inmigrantes en todo el mundo, proclama el Día Internacional del Inmigrante. Resulta sorprendente cómo, en un escenario como el actual, la inmigración -otrora punto clave en las comunidades-, queda relegada a un segundo plano en el que se comprueba fehacientemente, cómo las sociedades parecen haber perdido el respeto por los ciudadanos, indistintamente y sin importar de donde provengan.

Resulta una obviedad decir que es evidente que con la inmigración se produce un fenómeno curioso, muy propio de la condición humana que invita a la reflexión y se da en los tópicos que la rodean. Clichés constantes arraigados por repetición con los que las personas que componen, las sociedades se sitúan en un lado u otro y definen una situación que, en la mayoría de los casos, desconocen profundamente, hablando desde su tierra, sus raíces y su cultura.

Los movimientos migratorios son tan antiguos como el ser humano, desde los tiempos de tradición judeocristiana nos llegan referencias de inmigración obligada. Y, a medida que la tecnología ha ido avanzando, la expansión se ha hecho más factible.

No se pretende ni mucho menos hacer una “oda al inmigrante”, sin embargo y -desde mi experiencia como tal- creo que lo que pretendió la ONU fue evitar los atropellos de personas que se iban de sus tierras buscando un futuro mejor.

Sin embargo la inmigración es mucho más compleja que ese simple o descomunalmente complejo acto de supervivencia. No en vano, el número de personas, inmigrantes en el mundo asciende a 214 millones logrando un nuevo máximo histórico. La apertura de la tecnología y los avances en transporte han facilitado los movimientos migratorios que han provocado las guerras, el hambre, los desastres naturales y la falta de recursos económicos.

Ser inmigrante supone asumir un riesgo, es evidente que todo riesgo lleva implícito una adaptación, un acople, una ruptura con lo conocido, la necesidad de habituarse y convivir con lo desconocido y encontrar un espacio donde ser y vivir.

La proclamación de las Naciones Unidas del Día internacional del Inmigrante, pone de manifiesto una de las razones más primigenias por las que las sociedades de hoy se encuentran en un punto de inflexión en el que "el cambio" ha dejado de ser una opción.

Sería complejo, sin duda, pero los preceptos sobre los que se basa la declaración de la ONU del Día Internacional del Inmigrante, son bastante símiles con la fallida cumbre sobre el cambio climático que se celebra en Copenhague. En ambas, lo que se pone de manifiesto es la incapacidad del ser humano de ser tolerante, solidario, respetuoso y generoso en el reparto de recursos. Una incapacidad centrada en el deseo subyacente de “poseer más”, “tener más”, “ser más”. En ambas, también, la fotografía está compuesta de seres humanos confrontados por el poder, la superioridad y la especulación humana, donde la distribución de las riquezas y la conciencia global de que el lugar donde vivimos es de todos y a todos nos corresponde por derecho propio, son… simplemente imposibles.

La ONU tiene la necesidad de establecer un documento en el que se establezca la forma en la que las personas deben tratar a los inmigrantes. Y en Copenhague, luchan por encontrar un punto de acuerdo que sirva para evitar que el planeta se destruya, mientras se enfrentan una y otra vez al mismo obstáculo… la soberbia humana.

Pero está bien; asumamos..., es el primer paso hacia el cambio. Es necesario establecer unas “normas de convivencia”, es necesario decirle a los seres humanos cómo deben comportarse con una persona de otro país. Pero igual de necesario es reflexionar sobre los tópicos establecidos y, sobre todo, situarse en el otro lado de la mesa y comprobar los aspectos psicológicos inherentes al hecho de inmigrar que se producen en las personas.

Socialmente, los tópicos más habituales son el incremento de la delincuencia, el deterioro del mercado laboral, la disminución de poder adquisitivo de la sociedad local. Financieramente, resulta complejo ya que los más frecuentes hacen relación a cuánto incomoda a las sociedades que “vengan de fuera” y nuestro país tenga que cuidarlos, es evidente que hay una sensación de “financiar la inmigración” intrínseca a cualquier trabajador.

Y, psicológicamente existe rechazo, una de las ideas más difíciles de desterrar ya que, mientras las anteriores tienen un componente cuantificable, esta no la tiene.

¿Existe rechazo?

Para el ciudadano local, la inmigración es una amenaza; no cabe ninguna duda que a pesar de haberse hecho grandes avances y existir corrientes muy numerosas con pensamientos radicalmente opuestos, los ciudadanos se sienten amenazados por la inmigración, debido a factores parciales o globales de convivencia, pero amenazados.

Para la persona que emigra -aunque la decisión y el hecho en sí mismo se realice de una forma meditada- planeada y optimista, lo cierto es que el camino no es del todo fácil.

Su mundo, desaparece

Sí; el inmigrante pierde su “familiaridad visual”, sus espacios, sus colores, sus olores, sus costumbres, sus acentos… sus calles. No cabe ninguna duda que la elaboración de un proceso de duelo basado en el sacrificio se produce en otro nivel. Desaparece la cotidianidad y se produce alejamiento de las personas queridas.

El temor también está presente

Al igual que los ciudadanos nacionales expresan su rechazo basado en el miedo que les produce el “extranjero”, para el inmigrante el temor también está presente, debe reconocer el terreno como propio y hacerse un lugar en él.

Identidad confusa

Es habitual que se produzca una confusión en la identidad, específicamente si la emigración se realiza a un lugar en el que el idioma también es distinto.

Finalmente, la experiencia resulta enriquecedora en la mayoría de los casos, aunque es muy elevado el número de personas que no pueden acoplarse y deben volver a su lugar de origen.

Hoy, 18 de diciembre de 2009, se celebra en el mundo el Día Internacional del Inmigrante, así es como se siente un inmigrante, así es como se vive desde el otro lado; y es de esperar que esta crisis económica, global y vital que estamos viviendo nos sirva para darnos cuenta que el camino está abierto, podemos optar por abrirnos y convivir o… el mundo finalmente, desaparecerá.

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