Inmigración en Florida

Si el propio nombre del estado, que fue territorio ibérico antes que americano, está en español, no debería ser motivo de tanta indignación para los angloparlantes que hoy la ciudad más emblemática de La Florida, Miami, ostente semejante nivel de hispanización: en tiendas, bancos, hospitales y restaurantes se atiende en español, las universidades ofrecen programas para hispanohablantes y en las oficinas gubernamentales se ofrece información en español.

Gran parte de la publicidad está en ese idioma, además de haber periódicos, estaciones de radio y cadenas de televisión dedicadas exclusivamente al mercado hispano.
Esta situación, tan agradable para los inmigrantes latinoamericanos, hace que muchos angloparlantes se sientan marginados. En los años cincuenta se estimaba que más del 80% de los residentes del condado de Miami Dade eran blancos no hispanos. En 1970, tras la llegada del primer gran contingente de inmigrantes cubanos, la proporción era menor, mas la lengua predominante seguía siendo inglés (58.5% lo tenía como lengua materna, contra 21% de español). Pero en las últimas décadas la situación se revirtió por completo: el censo del 2006 señala que el numero de hispanos creció en 12.7% mientras que el de no hispanos decreció en 11.7%.

Los hispanos son hoy mayoría. De los 2.4 millones de residentes de Miami Dade, alrededor del 60% habla español y la mitad afirma no dominar el inglés. Quienes solo hablan inglés conforman el 27.2% y el porcentaje de blancos no hispanos es de 18.5%, cifra que para el 2015 se proyecta a 14%.

Los angloparlantes residentes en Miami que no se dejan seducir por las ventajas del bilingüismo airean sus protestas con pasión. Se quejan de que un americano tenga que aprender español para tener las mismas oportunidades laborales que un bilingüe. Si uno emigra a un país debe aprender la lengua dominante, sostienen, en lugar de pretender imponer la propia. El caso de Miami, sin embargo, es bastante particular. Es difícil que los inmigrantes latinos tengan una fuerte motivación para aprender inglés cuando pueden arreglárselas perfectamente en su lengua nativa.

Como resultado, gran parte de la población anglo está mudándose al norte de La Florida o bien a un estado distinto. “Ya no siento a Miami como mi hogar, pese a que nací y crecí allí”, dice en un reportaje de AP Lauren McCleary, quien hoy vive en Vermont. “Hoy todo es muy difícil si no hablas su lengua”.

Hay también miamenses que aprecian la diversidad del sur de La Florida y se arrepienten de no haber aprendido español en el colegio. “Quienes hablan español van a seguir teniendo más oportunidades y no creo que sea justo”, sostiene la bibliotecaria Martha Phillips, de 61 años. “Siento ver a tanta gente que no habla español abandonando Miami. Me encanta la ciudad y su cultura mixta, no quiero irme, pero resiento el hecho de que los latinos esperen que nos ajustemos a su forma de vida, en vez de hacer ajustes ellos mismos”.

En el foro City-data.com hay protestas también contra el uso de español en grupos mixtos. “Quienes tienen español como primera lengua e inglés como segunda suelen elegir español en el lugar de trabajo, algo que ningún otro grupo étnico hace. Es cierto que este es un país multicultural y todos deberíamos tratar de entendernos, pero deberían respetar a quienes no entienden su idioma. Me hacen sentir extranjero en mi propio país”.

El foro topix.com contiene opiniones similares: “El problema es que todos los que vienen tratan de cambiar las reglas en lugar de adaptarse. Este es un país angloparlante y pretender que todos aprendan español es como botar a los americanos de su hogar”.

El debate va más allá de la razón pues ambos grupos están visceralmente ligados a su lengua, parte integral de su cultura. Para los nativos de la lengua tradicional de Estados Unidos es evidente que los inmigrantes deberían aprenderla. Pero quienes llegan por razones económicas o políticas mantienen fuertes lazos con su país natal y se esfuerzan por mantener su herencia cultural intacta, incluyendo el habla.

Abordando el problema desde el lado más práctico, tal vez bastaría que los angloparlantes consideraran las ventajas de aprender un idioma que es la segunda lengua internacional más hablada en el mundo. Estados Unidos ostenta, según Wikipedia, la segunda comunidad de habla hispana más grande del mundo, después de México. Es el idioma extranjero más estudiado, la lengua madre de 2.1 millones de habitantes y la segunda más hablada en 43 estados. Hablar español, finalmente, no solo facilitaría la comunicación sino la integración, ya que el aprendizaje va acompañado de una introducción a la cultura hispana, la minoría más importante del país.

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