Frontera Mexico-EE.UU.
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Ya han pasado aquellos tiempos en que la segunda guerra mundial, o más precisamente desde el inicio de la Guerra Civil española con las persecuciones franquistas, produjo una masiva inmigración a países latinoamericanos en busca de una nueva vida.

Estos países que les abrieron los brazos sin trabas migratorias, sino con la bienvenida de hermanos que estaban pasando un mal trance y llegaban con manos vacías y sueños llenos de esperanzas.

Hoy se da a la inversa, pues los inmigrantes que quieren ir a probar suerte, principalmente a Estados Unidos, tentados por el famoso sueño americano, ven a menudo frustradas sus ilusiones. Y quienes logran llegar a destino viven con el temor a la ley, pues su condición de indocumentados implícitamente les da una categoría de ciudadanos de tercera.

La inmigración principalmente se da desde México por su ubicación geográfica; aunque también por situaciones históricas, ya que una parte pasaron de ser ciudadanos mexicanos a inmigrantes sin haberse movido de su tierra. Se da de forma forzada y autoritaria cuando en 1836 los Estados Unidos se quedaron con más de la mitad de México. En 1846 el ejército estadounidense invadió México con el objetivo de defender a los ciudadanos norteamericanos. Algunos gobernantes querían anexar más partes de México y otros directamente quedarse con todo el territorio mexicano.

Hoy en día las mujeres inmigrantes son las más propensas a la discriminación y el maltrato. Casi un 10% de los inmigrantes detenidos son mujeres; y la asistencia médica dispensada es de baja calidad sin cumplir con las normas internacionales.

Según las versiones oficiales, los abogados de inmigración están en contacto con agencias gubernamentales para dar cabida a la problemática de la inmigración. Pero esto se da de bruces con la realidad; ya que quienes logran entrar sin problemas a la tierra de las oportunidades son un grupo muy selecto de personas.

La inmigración se da por la falta de oportunidades en sus países y la bajas posibilidades de desarrollo personal; de alimentar dignamente a sus familias. Donde también, por qué no, juega un rol importante el factor psicológico en países que han vivido severas crisis, fundamentalmente en latinoamérica en el 2002, donde además de la situación económica, estaba el peso del fracaso de perder lo que tenían en su propia tierra que los vio crecer.

En la actualidad Estados Unidos ha incrementado notoriamente los vínculos comerciales y políticos con México, sin embargo las trabas legales no han ido acorde a esos buenos vaticinios pactados, por el contrario las drásticas medidas legales contra los inmigrantes ilegales hacen cada vez más hazañosa la aventura de querer emprender el rumbo hacia un país que les brinde otras oportunidades.

Se estima que más de ocho millones de personas viven en forma clandestina y el número aumenta indiscriminadamente año a año.

En este sentido las leyes estadounidenses no van acompasadas con una realidad económica que las supera; pues la inmigración desde México es producida por una demanda de mano de obra poco calificada, para suplantar el trabajo que los propios americanos no desean hacer. Aunque claro está, aquí se produce otro acto injusto para los desprotegidos inmigrantes, que lo aceptan por una cuestión de necesidad, ya que son empleos en donde deben aceptar las reglas laborales impuestas por un empleador y no por las reglas laborales que rigen para cualquier obrero que goce de sus derechos.

Caído el mito de que los inmigrantes quitan trabajo a los norteamericanos; si se estudiara minuciosamente el tema, una especie de regulación que dejara entrar a mexicanos a trabajar legalmente reduciría los costos de miles de agentes gubernamentales dedicados a la tarea de vigilancia contra la inmigración. Hablamos principalmente de México por su cercanía geográfica, pero si existiera intención de un estudio serio por parte del gobierno esto podría irse ampliando, ya que una considerable porción de latinoamericanos se encuentra en situación similar.

La ley migratoria actual hace criminales a cientos de miles de trabajadores inmigrantes por el único “pecado” de querer trabajar y dar una vida digna a sus familias. Además, las duras leyes migratorias generan un mercado negro de tráfico de personas, ya que con la dureza de las penas y la necesidad de muchos trabajadores de una vida mejor, esto se vuelve negocio para determinados grupos.

Es un tema que debería dejar de ser netamente gubernamental para trasladarse a la población estadounidense. Imaginemos que amanezca el día, y no hay más inmigrantes, la señora desespera porque es la hora del trabajo y no ha llegado la mucama para que cuide a los niños; el café no está pronto, el marido se va sin su desayuno. El encargado de Mc Donald mira preocupado su reloj pues aún no tiene quien frite las papas; el dueño del restaurante está desencajado porque se aproxima la hora de abrir y el piso está sin barrer y se pregunta: ¿y quién lavará los platos y los vasos hoy?; el gerente del supermercado empieza a sudar de nervios pues la muchacha que repone las góndolas no está y así el público no disfrutará de sus compras… seguramente sería un día imborrable en la ciudad del sueño americano.

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