Inmigración y terrorismo

Hasta la fecha, existe un estimado de 21 millones de inmigrantes ilegales en Estados Unidos. Es decir, que de los 300 millones de personas viviendo en este país, un 7% es fantasma: no sabemos absolutamente nada de ellos.

El americano promedio puede ser monitoreado a través de una vasta red de registros electrónicos. Sus actividades sociales, sus opciones de educación y empleo, su historial crediticio, sus infracciones al reglamento, sus actividades comerciales, su historia médica, su empleo del tiempo libre, sus relaciones, sus lugares de residencia, su movimiento migratorio… casi todos los aspectos de su vida pueden ser revelados siguiendo la marca que deja toda acción registrada a su nombre en algún medio electrónico o en un archivo físico. Incluso una información que solía ser restringida, como los antecedentes policiales o de abuso sexual, hoy está a disposición de cualquiera en Internet.

Los inmigrantes ilegales, en cambio, no dejan huellas a seguir. Ingresan sin pasaporte ni visa, subarriendan viviendas de forma clandestina, no utilizan servicios públicos de atención médica o educación, no tienen cuentas en el banco y solo manejan efectivo, no figuran en los registros de huellas dactilares, viven al margen del mundo formal. En una palabra, no existen. Ni en el papel ni en el universo virtual.

¿Quiénes son, de dónde vienen, qué buscan? No conocemos sus verdaderas identidades, no hay información alguna sobre sus historias personales, no sabemos si tienen antecedentes criminales, no hay ninguna pista sobre sus verdaderas intenciones. Si imaginamos que, por plantear una cifra cualquiera, la décima parte de ellos tiene la intención de hacernos daño, significaría que 21 mil potenciales criminales podrían estar viviendo entre nosotros. Y nadie se entera.

¿Es que ninguna autoridad relacionada con la seguridad nacional se ha planteado la situación desde este punto de vista? ¿A nadie le preocupa que la permeabilidad de nuestras fronteras del sur pueda ser una puerta abierta para los terroristas del Medio Oriente?

Un comentario anónimo publicado en Internet, aparentemente proveniente de un miembro del departamento de policía, aseguraba que el gobierno americano había recibido un informe que señalaba un enorme riesgo en la seguridad de las fronteras. Los terroristas del Medio Oriente leales a Al-Qaeda, afirmaba dicho informe, habían llegado a la conclusión de que, despojados de las túnicas y el turbante, un terrorista árabe y un obrero latino son imposibles de distinguir para el americano blanco promedio. De ahí que estos tuvieran altas probabilidades de ingresar a México, asumir identidades hispanas y cruzar la frontera de forma clandestina, confundidos entre miles de mexicanos.

La idea de que grupos terroristas hayan considerado esa posibilidad e incluso la estén poniendo en práctica actualmente, es absolutamente factible. Una vez ingresados en territorio americano, los criminales potenciales podrían fácilmente confundirse entre las comunidades de inmigrantes ilegales. Obviamente estos últimos sabrían perfectamente que aquellos individuos son extraños, pero es casi imposible esperar que informen de ellos a las autoridades. Primero, porque por lo general temen y detestan a los policías. Segundo, porque probablemente permanezcan indiferentes a las actividades de aquel otro grupo, siempre y cuando no perturbe sus vidas. Tercero, porque denunciar a los intrusos implicaría atraer la ley hacia su comunidad, tal vez hasta dar inicio a una búsqueda casa por casa, corriendo los propios latinos el riesgo de ser arrestados y deportados.

Mientras la nación permanece enfrascada en debatir si los inmigrantes ilegales son ciudadanos respetuosos de la ley que simplemente persiguen el sueño americano o criminales que están tomando el control de comunidades enteras, existe un peligro latente del que la mayoría de americanos no es consciente: la seguridad nacional. Si un inmigrante latino con escasa educación y muy pocos recursos puede obtener fácilmente un juego completo de documentos ilegales, qué no podría obtener el miembro de un organizado grupo terrorista?

Y como quedó demostrado aquel 11 de setiembre, solo se necesita un puñado de gente para ocasionar una tragedia de grandes proporciones.

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