Dream Act
Dream Act - Protesta inmigrantes

Desde que Barack Obama fue elegido presidente de Estados Unidos que la reforma migratoria está pendiente, en el último discurso se habló de ella y los latinos se aliviaron un poco.

Parece que fue hace mucho tiempo que Barack Obama prometió apoyar una reforma migratoria profunda en su primer año de gobierno, pero no fue así, y los latinos vieron con mucho dolor a estados como el de Arizona, sufrir normativas abiertamente discriminatorias contra los hispanos, que autorizaron a la propia autoridad policial a detener por sospecha, es decir, por color y acento.

Todos los latinos quieren que esta pesadilla acabe, y la ley SB 1070 continúa su camino a la entrada en vigencia el 29 de Julio del presente año sin que haya una verdadera oposición, aunque ya se han visto ciertas acciones. Con 18 meses de Gobierno, Obama no fue capaz de incentivar al Congreso a promover esta legislación migratoria cuando disponía de mayoría, y menos debiera poder hacerlo ahora, al menos no hasta las elecciones de Noviembre.

Los problemas puntuales que hay con el presidente de Estados Unidos que han hecho bajar su nivel de popularidad en las encuestas, se refieren a su “inacción” frente a los atropellos flagrantes contra la condición de los latinos e indocumentados, dado que no tomó acciones para la promoción del “Dream Act”, ni intervino en la suspensión de muchos estudiantes deportados por su condición de indocumentados, quienes ven los sueños de entrar a la Universidad completamente frustrados.

Ante la iniciativa del estado de Arizona, por ejemplo, la respuesta de los latinos no se dejó esperar y mostró inmediatamente en la encuesta Gallup una baja de la popularidad de Obama, pasando del 69% de apoyo en la gestión al 57%. Esta baja importante puede que sea contrarrestada con nuevos acontecimientos como la demanda federal contra Arizona por su ley anti-inmigrante, pero aun todo es especulación ya que la decisión le corresponde a Erick Holder, Procurador General.

En el último discurso que dio el presidente, se mostró muy emotivo, pero al mismo tiempo directo y conciso al referirse a los miedos y a la condición de los indocumentados, señalando que éstos “no son criminales”, y por tanto, no perderán sus trabajos. Otro punto del discurso fue el enfatizar que la deportación de 11 millones de indocumentados es absurda, y logísticamente imposible.

Entre las soluciones que se pudieron entregar para todos los indocumentados en Estados Unidos, se habló de su legalización mediante el aprendizaje del idioma inglés, el pago de multas e impuestos y la capacidad de esperar con paciencia el turno.

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