Problema inmigratorio

La mayoría de americanos probablemente jamás ha puesto un pie en la oficina de migraciones. Pero tendrían que hacerlo si algún día se enamoran de una extranjera y quieren convertirla en su esposa. Sólo entonces descubrirían un sistema singular, que atenta contra la filosofía consumista americana al estar prácticamente pensado para ahuyentar al cliente.

Que reciban la solicitud es todo lo que se puede esperar de la oficina de migraciones. Es una pérdida de tiempo pretender que ofrezcan asesoría, que aligeren la carga emocional del solicitante o que faciliten el proceso de alguna manera. Como ejemplo cabe señalar que en el lapso de 6 meses la USCIS, U.S. Citizenship and Immigration Services (Servicio de ciudadanía e inmigración de Estados Unidos) ha modificado sus formularios, incrementado sus tarifas y cambiado la dirección de envío de solicitudes. La intención, evidentemente, es complicar el proceso deliberadamente.

Una opción disponible para quienes no se animan a enfrentarse a este sistema poco amigable es comprar los paquetes no oficiales que ofrecen formularios, información e instrucciones supuestamente pensados para orientar al solicitante. El problema no es sólo que dichos paquetes suelen ser caros, sino que pueden resultar inútiles. Los interesados se sienten al principio impresionados por la cantidad de páginas que contienen y piensan que toda esa información les facilitará el proceso. Sin embargo, muchas veces se encuentran con listados infinitos de embajadas –fácilmente accesibles desde Internet–, instrucciones aún más confusas que la emitida por la USCIS, y páginas interminables de anotaciones que no aclaran el panorama.

Por otro lado, llenar una solicitud correctamente, reunir los documentos adecuados y lograr que el sobre llegue a su destino es sólo una de las dificultades a las que se enfrenta quien desee iniciar un proceso de inmigración legal, ya sea para él o para otra persona. Tal vez, el principal obstáculo es navegar a salvo en el mar de regulaciones y clasificaciones de visas, un sendero difícil de transitar para los no iniciados.

Tomemos como ejemplo el caso de un ciudadano americano que desee casarse con una extranjera. Evidentemente, este se acercará a la oficina de migraciones solicitando una visa de novia o prometida, conocida como K1. Confiando ampliamente en el sistema, probablemente, iniciará el proceso al mismo tiempo que los planes de boda. Desafortunadamente lo más probable es que los novios sufran una gran decepción pues dicha visa puede tardar un largo tiempo en ser emitida; en promedio, entre 9 meses y un año más que la visa de matrimonio.

He ahí el detalle que el solicitante probablemente descubra demasiado tarde. Es decir que si un ciudadano americano desea casarse con una extranjera y traerla a vivir a Estados Unidos, el camino más sencillo es legalizar la unión en el país de la novia e inmediatamente enviar la solicitud a la embajada americana en dicho país. De ese modo la flamante esposa podría ingresar legalmente en Estados Unidos al cabo de sólo 90 días.

En suma, a veces es mejor buscar desde el principio la asesoría de oficinas especializadas y no recurrir a ellos sólo como último recurso, luego de haber quedado atrapado en el sistema. Los expertos en el tema conocen cada vericueto de la ley y saben moverse cómodamente en el laberinto de los procedimientos de inmigración legal. Aunque puede parecer innecesario y costoso al principio, a la larga dicha asesoría puede terminar ahorrando al candidato mucho tiempo, dinero y penas.

Sin votos aún