Museo Inglaterra
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Está considerado el mejor museo de antigüedades de todo el mundo. Su extensa colección de magníficas obras que incluyen, entre otras joyas, los frisos del Partenón griego, la Piedra Rosetta, el Discóbolo de Mirón, las pinturas de Durero o las esculturas del Mausoleo de Halicarnaso (Turquía) dan fe de ello.

Más de cinco millones de visitantes al año disfrutan del legado del pasado y del esplendor de las civilizaciones que han dominado la historia de la humanidad en el Museo Británico de Londres. Cita obligada para cualquier visitante de la ciudad del Támesis. Eso sí, con paciencia, ya que la visita completa de esta impresionante galería ocupa más de una jornada:

Están expuestas más de siete millones de piezas y objetos procedentes de todas las culturas. Y no caben todos; muchos están resguardados por falta de espacio.

Fundado en 1759, a lo largo de los siglos el British Museum se ha convertido, por derecho propio, en un centro de erudición internacional por la categoría que alcanzan sus tesoros, la publicación de numerosos artículos y libros especializados de divulgación y, en especial, por sus amplias colecciones.

Abarcan el Antiguo Egipto y Sudán, el Próximo Oriente Antiguo, África, Oceanía y las Américas, Asia y el Mundo Clásico, Europa, Monedas y Medallas, así como Grabados y Dibujos. Las salas egipcias, dotadas de momias, papiros, esculturas, sarcófagos y una gran cantidad de útiles, extraídos de las tumbas, son algunas de las piezas que han dotado de merecida fama a este museo.

De entre sus magníficas obras sobresale la piedra Rosetta, clave para interpretar los jeroglíficos egipcios. Se trata de la colección dedicada a la civilización de los faraones con mejores restos arqueológicos por detrás del Museo Nacional de El Cairo. El departamento de antigüedades griegas y romanas alberga magnas obras de arte como la vasija romana de cristal conocida como Vaso Portland, del siglo I, o la copa Warren, con escenas de sexo homosexual de gran calidad artística. Asimismo, la galería inglesa cuenta con una completa zona dedicada al arte del cercano Oriente, con bajorrelieves de los palacios asirios, bellos elementos de Irán y Mesopotamia, pinturas y porcelana chinas y un gran conjunto de cerámica islámica.

Gran interés entre el público que concurre a diario despiertan los delicados mármoles del Partenón de Atenas, que llegaron al museo en 1816 gracias a Lord Elgin, embajador en Constantinopla, tras comprárselos al antiguo Imperio Otomano y vendérselos al Gobierno de su país de origen.

Los griegos lo consideran un expolio y han exigido, en reiteradas ocasiones, su devolución, sin éxito por el momento. El acceso al Museo Británico es gratuito, aunque el visitante puede, de motu propio, realizar una pequeña donación voluntaria para sufragar sus costes de mantenimiento. Su entrada principal, el Gran Atrio de la Reina Isabel II, fue diseñada por el estudio del prestigioso arquitecto local Norman Foster. Se trata la mayor plaza cubierta en Europa. Su techo del atrio es de cristal y acero y está conformado por 1.656 pares de cristales.

El museo se emplaza cercano a las estaciones de metro de Holborn, Tottenham Court Road, Russell Square y Goodge St., y de varias líneas de autobús como New Oxford Street (7, 8, 19, 22b, 25, 38, 55, 98), Tottenham Court Road, Gower Street (10, 24, 29, 73, 134) y Southampton Row (68, 91, 188). Dormir cerca del museo es posible. A su alrededor se ubican 15 hoteles, como el Grange Whitehall, el Kenilworth, Grange Claredon o el Radisson Edwardian Marlborough, de cuatro estrellas. No hay que perder tiempo y programar una visita a Londres. Los ecos imperialistas del antiguo imperio británico todavía perduran en cada uno de los rincones de esta galería inacabable.

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