Transcurrían los años 90 cuando los que habíamos nacido en pleno proceso de transición a la democracia, observábamos como se producía la expansión de algo nuevo y desconocido denominado Internet. Una expansión que, al más puro estilo del marketing viral, avanzaba rápidamente cambiándolo todo, desde la forma de relacionarse con el grupo de pares hasta –en un marco de consolidación mucho más reciente- la oportunidad de ser autosuficiente.

La globalización llegó para modificar principalmente el acceso a la información, el grado de maduración de las generaciones que nacieron con Internet en pleno proceso de consolidación es, sin ninguna duda, mucho más avanzado que las generaciones que les precedieron.

Internet logró la eliminación natural de las fronteras y el chat se incorporó a nuestras vidas como una mejor forma de relación humana

Relaciones genuinas en las que lo único que importa es la esencia de la persona, sus valores y cualidades, sus conocimientos e intereses. Relaciones personales, sociales y laborales que –con una base tecnológica y de apertura total- se enriquecieron con la ayuda de un simple teclado de la diversidad, el complemento y la evolución que aporta el acceso a la información total en tiempo real.

Cuando recién comenzaba la vida virtual no se sabía bien por donde cerrarían las cuentas, cómo era posible que tanta información fluctuara libremente. La respuesta no tardó en llegar y hoy en día tanto las empresas de servicios digitales como las campañas de publicidad en Internet han demostrado ser oportunidades exitosas.

Con la llegada de las redes sociales y la explosión –posterior, pero con poca diferencia espacio-tiempo- de la crisis económica, las relaciones sociales pasaron a ser de dominio público basándose en criterios de afinidades, gustos, reparto de conflictos, búsquedas de soluciones, innovación, emprendimiento… oportunidades. Las redes sociales expandieron sus tentáculos sin límites y –una de las premisas básicas sobre las que se basa el éxito de la red- la eliminación de fronteras llegó también a la forma en la que los jóvenes de hoy se relacionan y acceden al mundo.

La información es global, total y abierta, disponible para cualquier lector interesado, sin más restricciones que un clic y lo mismo sucede con las relaciones sociales, nuevos grupos con intereses comunes se crean y expanden cada día sin que conceptos como el “no conocimiento físico de la persona” supongan obstáculo alguno. Internet es confianza, consolidada y situada en la punta del iceberg del nuevo orden social, las relaciones profesionales, pedagógicas, amistosas y… hasta sentimentales, se basan en la confianza inherente e intrínseca que subyace en la red.

Grupos de personas cuya cercanía se establece en base a creencias, metafísicas, ideológicas, en base a intereses, pedagógicos, de ocio, laborales y en base la persecución de un objetivo: “estar online”. Más como una forma de no dejar pasar ninguna oportunidad y de aprovechar al máximo el alto grado de enriquecimiento y aprendizaje que se desarrolla en la espiral de la diversidad, que como una forma tecnológica de aislamiento –como los detractores de las nuevas tecnologías suelen afirmar- es absolutamente impensable analizar históricamente un período de mayor conexión e interrelación social, sin límites ni fronteras, como el actual.

La llegada de Facebook y Twitter así como el resto de redes sociales o puntos de encuentro –más que de personas en concreto- de intereses en particular, ha modificado y masificado las exigencias, organización y necesidades provocando una vorágine de dinamismo que –afortunadamente- hoy, es imposible parar en la que lo importante no es lo que hagas tú, sino lo que hace el otro, porque ahí está el interés compartido y la oportunidad latente.

Jóvenes damnificados por una crisis económica que les ha puesto delante la barrera de un sistema mal utilizado que requiere y necesita de la innovación y el emprendimiento intrínseco y en nivel superlativo inherente a la juventud, que encuentran en las redes sociales el espacio perfecto para combinar, compaginar y equilibrar sus más oníricas inquietudes; círculos de amistades, gustos, aficiones, inquietudes, ocio, cultura y… por supuesto, la posibilidad de ser autosuficientes y autosustentable, de alcanzar la libertad financiera a través de la producción del bien con mayor valor añadido que podamos encontrar; el individuo como un todo.

La era digital se ha venido desarrollando con algunas características:

  • Aumento del número de personas jóvenes o muy jóvenes que han desarrollado emprendimientos exitosos en el mercado digital
  • Mayor osadía de inversión - Naturalmente el jóven suele ser más arriesgado
  • Necesidad de autoformación - Algunas estrategias y oficios tuvieron que autodiseñarse a partir de la demanda antes de que hubiera una estructura formal para el estudio de una carrera al respecto
  • Mayor captación de emprendedores
  • Valorización de las ideas - La web es un laboratorio de ideas y la experiencia nos ha demostrado que todas merecen respeto
  • Aumento de la autoestima del joven emprendedor o experimentador - Tener un blog, ofrecer un producto, ofrecer un trabajo y presentarse al mundo. Una autoestima fortalecida por el respeto a la diversidad

Cada uno de estos jóvenes, hijos del consumo, la desidia y la falta de productividad como premisas básicas de la especulación, logran a través de sus símbolos, mensajes, códigos y redes, hacer de la autosuficiencia una posibilidad de futuro logrando aunar talentos diversos, únicos y absolutamente complementarios para dar paso al nuevo Trueque 2.0, basado no tanto en el intercambio de bienes y servicios como forma de subsistencia, que también, pero principalmente, el intercambio de talentos, actitudes y creatividades individuales que conforman un todo con un resultado único e irrepetible; el acceso máximo a la información, el círculo perfecto de oportunidades.

Jóvenes para los que las redes sociales e Internet como ente supremo, sentaron las bases del dinero como medio y no como fin, siendo el fin el conocimiento, la conexión, alimentarse de las cualidades de las personas que, aún compartiendo gustos, inquietudes y aficiones, son únicas e irrepetibles y, por lo tanto, fuente inagotable de conocimiento y… oportunidades.

Sin olvidar la independencia, una independencia máxima en la que cada quien accede a todo y selecciona, bajo el marco de sus propios valores pero con la premisa básica de los valores que rigen la red –confianza, compromiso, honestidad y emprendimiento- el proceso evolutivo que quiere seguir y por lo tanto cuenta con la libertad total para crear su propio proyecto de vida.

Redes sociales que conjugan a la perfección las herramientas para compartir información, contactos, objetivos, distribución y construcción de una sociedad en paralelo, sin fronteras… sin restricciones.

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