CISPA

Los últimos acontecimientos en el mundo informático han calado hondo en las personas, independiente de si se han visto afectadas directa o indirectamente toda vez que los tópicos involucrados pueden cambiar el uso de Internet tal y como lo conocemos actualmente. Ante la pregunta ¿En qué afectan a una persona estos cambios? Existen innumerables respuestas, aunque me parece es la más prudente el “condicionar la libertad”.

Para quienes no lo sepan, en Estados Unidos ha comenzado a tramitarse desde hace unos meses (30 de noviembre del 2011) una ley que obedece a las siglas CISPA y que se traduce como “Cyber Intelligence Sharing and Protection Act” y tiene por finalidad práctica fomentar el intercambio de información entre las autoridades y los privados en Internet (ISP por ejemplo), para interceptar información “importante” como son el contenido de correos electrónicos, información en redes sociales, etc.

Como era de esperarse el argumento utilizado por los promotores de la iniciativa en el Congreso norteamericano (particularmente de Michael Rogers – representante Republicano de Michigan) es el de “protegerse de ciber-amenazas, amparar la propiedad intelectual y la información gubernamental”.

Internet, un mundo sin fronteras con fecha de vencimiento

Me llama la atención el increíble parecido que tiene el momento que vivimos con el acontecido durante la Guerra Fría, donde Estados Unidos se enfrentaba “ideológicamente” contra la URSS por la imposición de un concepto occidental-capitalista versus uno oriental-comunista. Lo peligroso de este período es que todos querían imponerse, mas nunca se tomaron acciones directas contra el bando contrario.

Actualmente todos valoramos la increíble libertad que nos proporciona Internet, aunque reconocemos hay quienes darían cualquier cosa por acotar el ámbito de desenvolvimiento que tenemos en la red con tal de proteger sus propios intereses – con ello me refiero a los privados – pero ¿Hasta dónde es lícito llegar?

El espionaje característico durante la Guerra Fría ahora pasa a “legitimarse” con CISPA al contemplar ésta la intercepción de cualquier tipo de información tras haber cualquier sospecha a su respecto, y todo ello sin requerir el pronunciamiento de tribunal alguno, pues no se necesita “orden” judicial para interceptar correspondencia o datos virtuales al parecer.

Siendo así, pareciera volvemos a discurrir en la lógica que caracterizó a los españoles tras el descubrimiento de América respecto de si aquellos “seres” que encontraron tenían o no alma, debate que por lo demás no deja de ser importante pues definía si tenían o no éstos derechos como personas.

Hoy, considerando las prerrogativas que concede CISPA a las autoridades y privados respecto del tráfico realizado por particulares en la red ¿Debemos considerar se vulneran nuestros derechos abiertamente con la iniciativa? A juicio personal, sí.

No importa el medio a través del cual manifestemos la voluntad, pues cuando ésta va dirigida a otro u otros con prescindencia del conocimiento público (como resulta ser el envío de un mail desde mi casilla a la de otro), estamos amparados por la privacidad de correspondencia.

En un próximo artículo analizaremos más a fondo la ley CISPA y también quienes son los que persiguen se promulgue.

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