Sindrome del impostor
Sindrome del impostor - flickr.com

Con la legada de la sociedad posmoderna y la globalización el panorama sociolaboral ha ido aplicando una serie de nuevas reformas, exigiendo rasgos como la competitividad, los rendimientos educativos muy altos o la gran capacidad para conseguir resultados brillantes en tiempo récord.

Los expertos sitúan el síndrome del impostor, varios peldaños por encima de otros síndromes como el postvacacional. Y es que esta afección no es un mal que se pasa en varios días o semanas, sino algo que el individuo arrastra consigo y que ni genera insomnio, ni se puede evadir con medicamento alguno, al menos por ahora.

Las primeras en ser estudiadas fueron mujeres jóvenes y profesionales de alta graduación en la década de 1970, analizadas por sociólogos de la Universidad Estatal de Georgia en los Estados Unidos. Prácticamente todas las sometidas al estudio, fueron clasificadas como personas con mucho éxito en su profesión, pero también inseguras y débiles. Siempre con una idea totalmente distorsionada sobre sus capacidades, pensaban que no merecían el éxito social y que si triunfaban, era por pura suerte o porque eran un fraude humano que podía salir a la luz en cualquier instante.

En el estudio, constataron otros rasgos característicos: Todas las afectadas por el síndrome del impostor, ocultaban mucho miedo a decepcionar a los demás, y siempre rechazaban cualquier elogio hacia el buen hacer en sus tareas laborales cotidianas, tratando de desbaratarlo.

The Impostor Phenomenom, fue el primer documento de la historia sobre este síndrome publicado por S. Imes y P. Clance[1]. A través del estudio, se atribuyó una relación casi directa entre la presión sociolaboral y los resultados a corto plazo a la hora de desarrollar esta afección.

Diversos estudios posteriores hechos por psicólogos de prestigio como J.K. Norem, han demostrado que las personas originarias de figuras paternas autoritarias, los empresarios muy jóvenes de procedencia social no relevante y los recién licenciados universitarios que encuentran su primer empleo en empresas importantes, son los más propensos a sufrir el Síndrome del Impostor.

¿Afecta o puede llegar a afectar al rendimiento laboral? Los estudios de los expertos coinciden en señalar varias diferencias entre los "impostores" y las personas netamente pesimistas. Si en el caso de los pesimistas hay momentos en los que no se ven capaces de superar obstáculos en el campo laboral y optan por abandonarlo todo y no seguir adelante, los "impostores" siguen adelante suceda lo que suceda para conseguir otro éxito laboral más. Y esta es precisamente una virtud a la vez que un error fatal, ya que puede desestabilizar por completo toda su vida privada y provocarles serios problemas con amistades y familiares.

Los estudios señalan que cada vez son más los hombres jóvenes afectados por el síndrome del impostor. La mayoría de quienes lo sufren, ni siquiera son conscientes, ya que no es una enfermedad de la que se hable en los medios de comunicación y además pasa desapercibida en el entorno laboral, al quedar el afectado como una persona humilde y exitosa a la que no se le sube a la cabeza su talento.

También hay casos de celebridades como la actriz Jodie Foster o el actor Paul Newman, que nunca se han creído merecedores de su éxito y temían cartas anónimas de personas quitando mérito a sus trabajos artísticos.



[1] Fullerton.edu

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