Sexo con tu pareja, mujer o esposa

Parecerá contradictorio a los solteros, pero los casados sabemos cómo el matrimonio casi imperceptiblemente le puede ir dando de baja a la pasión. El consejo aquí no es nuevo, tal vez empezó en el mismísimo Edén, es solo que se me ocurrió esta frase para redondearlo: “A la mujer se le empieza a hacer el amor con la boca”. Y a lo que me referiré tiene para ellas el mismo efecto que el alcohol en cualquier hijo de Pérez González: Te tomas tres whiskies y vas a estar enamorado hasta de Gotzila.

Tal vez tu mujer te conoció algo embriagada, pero bueno, ahora se trata de que le recuerdes ese mismo efecto sin convertirla en una borracha. Y para no abrirle en el alma un resquicio por donde pueda colarse semejante mal, tienes que encontrar la adecuada disposición de tu boca ¿Cuál es? Bueno, es tanto de la boca como de la lengua. Tranquilo, no te precipites. Hoy vas a tener buen sexo con tu mujer. Bueno, quizá no tan pronto como hoy, quizá mañana, depende de ti.

La primera disposición, entonces. La boca

Tu boca tiene que dejar aunque sea en estos días de prueba, la muy masculina costumbre de buscar soluciones a lo que sea que se te dice. Te aseguro que da resultado, aunque parezca sencillo, ten paciencia, lo vas a tener. Un sexo como el de las primeras jornadas. Cuando no aguantaban llegar a casa y metías el coche en lo oscuro, y ella jalaba la palanca y tú inclinabas el respaldo. Pero sereno. Debes evitar la costumbre de dar soluciones enseguida. Lo primero. Por más que tu mujer te diga ¡Y sabes que fulanita hizo esto y lo otro! Y tú pienses que quiere que le des una solución. No lo hagas. Lo que ella no sabe ni tú sabes es que ella solo quiere seguir hablando de lo mismo. Y no que la conversación termine con una espléndida solución de tu parte. Si haces esto, y por supuesto le pones mucha atención a lo que te dice (con toda la concentración de tu mente, echa fuera cualquier pensamiento del trabajo. Recuerda que hoy vas por un buen sexo), moviendo un poco la boca hacia delante, como si fueras a besarla, mientras la escuchas, será como estarle soplando un airecillo caliente por el ombligo. Este es un maravilloso primer paso. Ella lo estará sintiendo. Le llegará de tu disposición. Ese halo tuyo que empieza a zumbarle sobre las caderas, por debajo de la ropa. Hermano, es un buen comienzo.

La sensualidad en los labios

¿Qué más? Pues ahora no hay que quedarse mudo. Se empieza escuchando (no olvides la sensualidad en los labios) Pero entonces tienes que hacer preguntas, en el momento adecuado, sin interrumpir. Deben ser preguntas especiales, no cualquier pregunta. Preguntas del tipo ¿Porqué habrá hecho eso? ¿Y tú cómo te sentiste? Preguntas que hagan que ella quiera seguirte contando. Que vea que no te está aburriendo (Para eso tienes que poner mucha atención, de verdad, las mujeres tienen un sexto sentido para olfatear la insinceridad y si lo olfatea en ti en ese momento todo estará perdido).

Entonces, seguimos. Preguntas informativas, que expandan los detalles. “¿Y cómo iba vestido? Sigue teniendo mal gusto, no”; etc.

Si tienes algún comentario hazlo pero SIN JUZGAR nada ni a nadie, y menos a tu mujer en cuanto a lo que piensa. Si ella juzga algo, o juzga a alguien, tu no. Tú quieres un buen sexo esta misma noche. Recuérdalo.

Rumbo a la victoria

Si hasta aquí has llegado con victoria, estarás irrevocablemente más cerca de su cuerpo, sin que ella pueda hacer nada al respecto. Si hasta aquí has llegado bien, ya comenzaste a urdir la intriga con que su propio cuerpo la hará caer. Sin que lo note. Ya le habrá empezado una molestia, un escozor, no sabe lo que es pero es el deseo de desnudarse contigo, un lejano insistente latido púbico que irá creciendo. Porque esas pocas palabras de tu boca y la forma como la miras con atención le van encendiendo el deseo de agradecerte, esa ternura, que el hombre seco y duro siempre esquiva, pero que tú tienes para ella, porque es especial. Ese deseo de abrirse físicamente ante ti le está llegando, no te quepa duda.

¿Y ahora? ¡No te dispares! Sentado, tranquilo. No vayas a echar a perder todo el avance. Ella va a caer. Ahora debes tener paciencia. Pedirle calma a las hormonas.

Ahora… Espero que estés en tu casa. Espero que estés en tu cuarto. Ahora pídele que te espere un momento, por favor. Que contenga lo que te dice un segundo. Anda y cámbiate de ropa. Ponte algo más revelador. Si tienes piernas de araña busca el short más largo que tengas. Si eres más bien escuálido ponte una camiseta holgada, que te cubra bien lo huesudo. ¡Pero por Dios! ¿Tendrás algo atractivo, no?

Bueno, si eres feo del todo tienes la boca y la lengua que Dios te ha dado, para lo que viene.
Ahora tu boca tiene que revelar tu corazón, solo cuando veas que le bajan los decibeles de lo que te cuenta. Interrúmpela con sutileza. Sin que ella note un segundo el miedo que te asoma porque pueda seguir hablando hasta que te mueras. Aleja de ti ese miedo. Ella no debe verlo nunca aunque te desborde. Puede echarlo todo a perder, cuando ya estás tan cerca.

¿Pero qué puede decir tu corazón? Eso es algo por lo que debes encerrarte en el baño antes de todo y empezar a pedirle a Dios que te revele. Porque el único requisito aquí es que realmente salga de tu corazón. Y el único que tal vez pueda ayudarte con eso sea Él.

Vale la pena hablar con Dios por un buen sexo. Es más, el Señor está contigo. Él quiere que tengas un buen sexo. Él lo inventó. Para que lo disfrutes.

Piénsalo. Si hubiera querido que la reproducción se diera intercambiando cera de los oídos lo hubiera hecho así. Pero inventó el sexo. Él dijo “Sojuzgad la tierra y llenadla” O sea, tengan mucho sexo, sean felices y traigan de paso vida. Hijos.

Creo que solo Dios puede hacer que un marido deje escapar algo del corazón, así que inténtalo ¿Qué puede ser? ¿Qué hay en tu corazón? ¿Alguna frustración? Compártela sin desanimarte. Aunque te cueste. Con eso estarás prácticamente quitándole la ropa. Eso si, recuerda, debes ser sincero, porque ella lo notará si no lo eres. Debes primeramente llegar a tu propio corazón y luego abrirlo. Si ella siente que lo haces, sentirá también un arrebato por prescindir del vestido, de todo lo que la aparte de tu deseado estigma velloso.

Has escuchado la expresión de un padre que cuida a su hija diciendo “No quiero que ningún pelafustán venga a calentármele los oídos” Esta sabiduría paternal y milenaria sabe que hasta el más feo puede robarle el pudor a la doncella con palabras al oído. Con palabras del corazón. Y tu esposa, a pesar de lo que te haya llegado a parecer con los años, no es más que esa misma muchachita de antes esperando que el que luchó tanto por ella al principio, continúe robándole el corazón. Ella quiere que la sigas enamorando. Que le digas cosas lindas. Cosas al corazón, cosas que vuelvan a hacerle sentir el deseo ardiente de entregarse, de ser amada, de ser tomada y robada por su príncipe azul.

Las mujeres se desarman cuando un hombre tiene el valor de compartir su corazón, de mostrar esa vulnerabilidad que escondemos ante otros, lógicamente. Algo así es capaz de romper la barrera más grande de resentimiento, de incomprensión. Cuando se logra decir “perdóname” o “me siento triste sin ti” comienza una intimidad que volcará a cualquier mujer a un sexo ardiente. Tu mujer no es la excepción, y lo que tendrás que hacer cuando alcances este punto, pues eso ya será cuestión solo tuya. Solo pido entonces que el Señor te ilumine lo creativo.

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