La Catedral de Notre Dame: historia de una sobreviviente

El pasado 15 de abril, un incendio de enormes magnitudes dañó seriamente uno de los monumentos más emblemáticos de Francia. Nos referimos a la mítica catedral de Notre Dame, monumental obra arquitectónica que ha sido testigo de los últimos ochocientos años de historia.

Los primeros años

La catedral de Notre Dame de París es uno de los templos católicos más antiguos del mundo. Su construcción se inició en 1163 y fue terminada luego de 100 años de ardua labor. Su espectacular arquitectura gótica hace de este monumento uno de los atractivos turísticos más visitados de Europa y el mundo.

La historia cuenta que corría el año de 1160 cuando el obispo de París, Maurice de Sully, decidió levantar una catedral cuyo estilo reflejara la época que se vivía en aquel entonces. Sus aspiraciones fueron respaldadas por el rey Luis VII, los notables y múltiples corporaciones profesionales. Las obras se iniciaron tres años después.

Los maestros responsables de tan enorme tarea fueron Jean de Chelles, Pierre de Montreuil, Pierre de Chelles, Jean de Ravy y Jean de Bottle. La catedral terminó de ser construida en 1272.

Durante un tiempo fue el edificio cristiano más grande del mundo occidental, símbolo de la riqueza y de la potencia de la capital francesa. Su nombre, traducido al castellano, significa “Nuestra Señora”, pues su construcción fue dedicada a la Virgen María. Durante el transcurso de los siglos ha sido objeto de diversas reformas y restauraciones. Los expertos señalan que la más significativa de ellas se realizó a mediados del siglo XIX.

Notre Dame en la historia

Su antigüedad de mas de 800 años la ha convertido en protagonista y testigo de muchos acontecimientos que han marcado la historia de la humanidad.

Entre ellos destaca la coronación de Napoleón Bonaparte, el 2 de diciembre de 1804.

La catedral de Notre Dame fue también el lugar donde el papa Pío X beatificó a Juana de Arco el 18 de abril de 1909 y donde se llevó a cabo la coronación del rey Enrique VI en diciembre de 1431.

A prueba de guerras

La monumentalidad de Notre Dame ha resistido a lo largo de la historia, el embate de enormes y sangrientos acontecimientos bélicos como la Guerra de los Cien Años, la Revolución Francesa y las dos Guerras Mundiales.

Pero para que aquello sea posible, la catedral ha requerido de mantenimiento constante durante sus ocho siglos de existencia, a medida que su estructura se inclinaba, sus fachadas se ennegrecían y sus gárgolas erosionaban por efecto del tiempo.

Durante la Revolución Francesa, Notre Dame fue saqueada y las estatuas de los reyes que se alineaban en la fachada fueron decapitadas.

Por su parte, la literatura tampoco ignoró la belleza de la catedral. En 1831, Víctor Hugo publicó la novela clásica “Nuestra Señora de París”, que narra la historia del jorobado Quasimodo y su amor por la gitana Esmeralda. Historia que también fue llevada al cine en diferentes ocasiones y versiones.

Bóveda de tesoros

El interior de la catedral de Notre Dame destaca por la luminosidad que entra a través de los vitrales. Dentro de ella se pueden encontrar esculturas de eminentes maestros como, por ejemplo, Nicolás Coustou y Antoine Coysevox. Entre los tesoros que guarda la catedral, también están grandes obras artísticas de simbología católica y muebles de épocas remotas. Además, puede apreciarse el órgano principal, el cual fue elaborado por Aristide Cavaillé-Coll.

Hay quienes afirman, incluso, que Notre Dame alberga en su interior reliquias como la corona de espinas de Jesús, un fragmento de la sagrada cruz y uno de los clavos con que fue crucificado.

Como se ha visto, Notre Dame es una catedral que ha sobrevivido al tiempo y a las guerras, por lo que es muy poco probable que un simple incendio borre las huellas de un templo inmortal. Esa la esperanza de los franceses y del mundo.