espiritus alma fantasmas

Se llama “bajo astral” al plano dimensional en donde interceptan el mundo físico con el mundo inmaterial. Puede afirmarse que se trata de “otra realidad”, otra dimensión.

Luego de la muerte física, el cuerpo astral se separa del cuerpo sólido y sigue su camino hacia la Luz, pero es evidente que no todas las personas fallecidas siguen el camino correcto.

Malos espíritus

El “bajo astral” está poblado por las peores energías espirituales como el odio, el rencor, la violencia y los vicios. Estas entidades no han sido capaces de hallar la paz en la muerte y por eso vagan en esta dimensión. Por lo general, estos espíritus pertenecen a personas que en vida fueron asesinos, violadores o genocidas. Su energía negativa les hace vagar por el “bajo astral” en medio de sufrimientos, intentando saciar sus bajos deseos a través de la captación de personas del mundo físico, de quienes se apoderan como si se trataran de parásitos.

Pero no solo los espíritus ruines vagan en esta dimensión, también lo hacen aquellos que no han aceptado su partida del mundo material, principalmente porque aún los atan a esta dimensión sentimientos tan intensos como el odio, el amor obsesivo, la ira o el remordimiento, sentimientos que los impulsan a creer que todavía tienen asuntos pendientes en el mundo de los vivos.

Cerca de nosotros

Cuando guardamos en nuestro interior sentimientos negativos como odio, rencor, envidia o codicia, provocamos que estos entes entren en nuestras vidas; de igual modo, propiciamos el contacto con ellos a través de juegos como la Ouija, por ejemplo, o cuando hacemos contacto con brujos y hechiceros para que nos hagan algún favor especial a través del espiritismo. Todas estas actividades constituyen una invitación para que estos seres malignos ingresen en nuestras vidas.

Pero según afirman especialistas en el tema, no solo los sentimientos negativos atraen a estos seres parásitos; en la vida del ser humano también ocurren circunstancias involuntarias que son una invitación para estos entes como, por ejemplo, las debilidades físicas, psíquicas o emocionales, enfermedades mentales, las depresiones, el alcoholismo, la drogadicción y hasta el estrés mismo.

En definitiva, no es difícil que estos espíritus interaccionen con las personas del mundo físico, más aún si se tiene en cuenta que se vive en un mundo donde la violencia y la falta de armonía son moneda corriente.

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