Derechos de los inmigrantes
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Que el sistema de inmigración legal en Estados Unidos ya resulta obsoleto es una afirmación que pocos podrían objetar. Y la mayor parte de analistas coincide también en señalar que la raíz de la crisis que atraviesa este problema se encuentra en una desconexión profunda entre la realidad económica y el mercado laboral.

Las demandas del aparato de producción estadounidense se incrementan año a año. Al mismo tiempo, la cantidad de mano de obra disponible entre el grupo de americanos nativos es cada vez más reducida, debido a las aspiraciones de la clase trabajadora, siempre en busca de una mejor educación y otras alternativas de empleo.

¿Quién provee a la industria, entonces, de la necesaria mano de obra no especializada? Evidentemente los inmigrantes. Ellos ocupan los puestos de trabajo que los americanos rechazan y representan una fuente casi inagotable de recursos humanos. Sin embargo, mediante un sistema que se hunde cada vez más, el gobierno continúa imponiendo cuotas que no reflejan en absoluto la realidad de las demandas del mercado, así como ofreciendo a los trabajadores extranjeros muy pocas oportunidades de llegar al país de forma legal.

Ignorar las fuerzas económicas en juego y pretender esquivar la mirada del fondo del problema solo implica ahondar en el mismo. Ya hemos visto suficientes intentos fallidos de reforzar las fronteras del país durante los últimos 15 años. Pretender que las fuerzas del orden logren contener el flujo de mano de obra inmigrante que la economía americana atrae constantemente, el mismo que es resultado de la globalización, es una quimera. Las autoridades ya deberían estar convencidas, entonces, de que ese camino no da resultado y solo sirve para fortalecer el negocio de las mafias de inmigrantes.

Existe un similar cuello de botella para los trabajadores poco especializados que buscan obtener un permiso temporal a partir de una oportunidad de empleo concreta. Entre los 16 tipos disponibles de visas temporales para inmigrantes que quieran trabajar y capacitarse en Estados Unidos, solo dos de ellas –H2A y H2B– están disponibles para trabajadores con escasa o ninguna instrucción formal. Más aún, el número máximo de visas H2B que pueden ser otorgadas en un año es de 66,000.

En suma, Estados Unidos se encuentra en una encrucijada: envía a los inmigrantes potenciales, al mismo tiempo, los mensajes ambiguos de “no entrar” y “se necesita ayuda”. Esta contradicción entre la economía y las políticas de inmigración está llegando a extremos insostenibles y, cabe añadir, al final es siempre la economía la que gana la partida.

Menos retórica y más realismo: he ahí lo que se requiere de los legisladores en un momento como este. A menos que se pretenda aislar a Estados Unidos del resto del mundo, es necesario alinear sus políticas de inmigración con la realidad de su mercado laboral y con una economía que tiende a ser cada vez más transnacional.

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