El bosque de los suicidios

En Japón, hay un bosque con escaso viento y una vida silvestre casi inexistente, su nombre es Aokigahara, y es uno de los sitios preferidos por aquellas personas que están decididas a acabar con sus vidas, razón por la que también este lugar es conocido como “El bosque de los suicidios”.

Por este motivo, no es raro que, quien se anime a dar un paseo por el bosque, se tropiece con algún cuerpo colgado de uno de los árboles, pues según estadísticas, son decenas de personas al año las que suelen quitarse la vida en aquellos parajes.

El bosque de Aokigahara está ubicado en la base noroccidental del Monte Fuji, a unos 100 km al oeste de Tokio, en él, anualmente se suicidan entre 50 y 100 personas.

Como se mencionó anteriormente, en este bosque el viento queda bloqueado por los espesos árboles y la vida silvestre es casi inexistente, características que lo convierten en un lugar muy silencioso, repleto de cavernas rocosas y heladas que contribuyen a su apariencia de bosque tenebroso.

Junto al puente Golden Gate en San Francisco, este bosque japonés es uno de los lugares en donde más personas en el mundo se quitan la vida. Quien se interna en él, puede leer en la entrada un letrero disuasivo que reza:

Pensemos una vez más en la vida que te fue dada, tus padres, tus hermanos y hermanas, y los niños. No sufras solo, antes, contacta a alguien.

Seguidamente, aparece un número telefónico donde solicitar ayuda. Este es uno más de los esfuerzos que han hecho las autoridades para evitar tragedias.

El origen del bosque de suicidios

Pero ¿dónde se origina esta afición por morir en este bosque? ¿En qué momento se inicia la leyenda de Aokigahara? Se dice que muchas personas eligen este bosque para morir inspirados en el cuento Kurol Jukai (El negro mar de árboles) de Seicho Matsumoto, publicado en 1960, el que finaliza con el suicidio de una pareja de enamorados en el bosque.

Hay quienes sostienen que la tradición de morir en el bosque está arraigada en un viejo ritual que data del siglo XIX llamado Ubasute, que consistía en abandonar a los ancianos en los bosques para que murieran allí, este ritual se practicaba sobre todo en épocas de hambruna y sequía.

A todo ello se suma el libro de Tsurumi Wataru, El manual completo del suicidio (1993) que menciona al bosque de Aokigahara como “el lugar perfecto para morir”, además de calificar al ahorcamiento como una “obra de arte”. Increíblemente, la publicación vendió millones de ejemplares.

El suicidio como tradición histórica

Según la Organización Mundial de la Salud, Japón se encuentra entre los cinco primeros países donde más suicidios se cometen en el mundo. Al repasar la historia y la cultura japonesa nos encontramos con que el suicidio es algo bastante arraigado en el espíritu japonés, para ello basta nombrar la existencia de un suicidio honorable como el seppuku o harakiri, o la actitud de los soldados kamikaze de la Segunda Guerra Mundial.

Sobre este punto el psicólogo Wataru Nishida sostiene que el factor cultural tiene mucho que ver en la concepción japonesa del suicidio, puesto que Japón no tiene una tradición cristiana, en ese sentido, el suicidio no es visto como un pecado, sino más bien como una manera de asumir responsabilidades.