Violencia domestica
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Si bien es cierto que el tema de la dependencia económica en la pareja no debiera ni tan siquiera ser objeto de análisis, es bien cierto también que el tipo de relaciones humanas que las sociedades han establecido, han abierto una puerta que una vez traspasada se transforma en uno de esos caminos de no-retorno.

La cultura de lo desechable, las relaciones de pareja como contratos de negocios, las personas como partidas de los balances y el individualismo propio de las sociedades modernas, derivan en la apertura de debates eternos en los que la confusión de los términos es total.

Así, con una tendencia que comenzó en Estados Unidos tras la segunda guerra mundial y que abrió el mercado laboral a las mujeres provocando toda una corriente novedosa en la que los movimientos feministas y de lucha por la igualdad de derechos se confundió absolutamente con el tipo de relaciones emocionales establecidas, las sociedades actuales se rigen aún hoy, por preceptos caducos y erróneos que damnifican y bloquean la evolución del ser humano.

Hoy, una mujer que depende económicamente de su pareja, está expuesta y sometida a los requirimientos de toda índole por parte del hombre, sin embargo se acepta como hecho intrínseco de la convivencia.

Existe una estrecha relación entre la violencia doméstica y la dependencia económica que, si bien no es la única causa, es un fenómeno que se repite en el 80% de los casos de maltrato(1).

En España, por ejemplo, dos millones y medio(2) de mujeres sufren violencia doméstica y, son los criterios económicos los que prevalecen como una constante a la hora del análisis de las causas.

Mayor dependencia, mayor violencia

Si bien es cierto que no son las únicas causas, es bien cierto también que, cuantas más herramientas para ser autosuficientes tengan las mujeres más posibilidades de salir de un trance de esas características, existen.

La Fundación Encuentros, especializada en el análisis de la realidad de la sociedad española, estableció que la educación es una de las variables con mayor poder modificador de conductas tanto en la mujer, como en el hombre y tanto en la esfera privada, como en la pública.

La dependencia económica y la desigualdad de las relaciones

Generalmente, las mujeres que viven bajo el espectro de la dependencia económica de sus parejas, sufren problemas de autoestima en ciclos alternos de su vida.

Los hijos van creciendo y la sensación de “no servir para nada” se acrecienta. Esta situación deriva en una menor capacidad que parte de la mujer y se irradia hacia el exterior

Adicionalmente, los hombres que conviven con mujeres dependientes, experimentan de forma progresiva una minimización de la valoración de su compañera, sentirse proveedores despierta la dominación y el sometimiento. La falta de empleo y la falta de recursos potencian la desigualdad entre el hombre y la mujer e incrementa los episodios de violencia en las etapas de mayor problemática. Adicionalmente, la escasez de recursos económicos, es un hándicap a la hora de plantearse un divorcio.

Las cifras, sin lugar a dudas

Los porcentajes son contundentes, del total de las mujeres maltratadas, un 60% corresponden a mujeres sin actividad fuera del hogar frente a un 30% que realizan una actividad fuera de sus hogares(3).

Conclusiones

Idealmente, las relaciones humanas debieran tender a basarse en el compromiso y el respeto mutuo, sea cual sea el orden cotidiano establecido, ambas partes deben aprender a convivir erradicando creencias obsoletas y buscando conformar una unidad familiar sólida y basada en el sentimiento del hogar como refugio y no, convertirlo en un campo de batalla, donde las víctimas siempre terminan por ser los más frágiles.


(1) Cinco formas de violencia contra la mujer, Melba Arias Londoño, Colombia Nueva Ltda. Universidad de Texas
(2) Tratado de Psicología Forense, Javier Urra Portillo, Antonio Jorge Albarrán Olivera,
Siglo XXI, España.

(3) Violencia en la pareja: la cara oculta de la relación, María Teresa Traverso, Inter-American Development Bank, 2000.
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