Crisis y depresión
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Aparte de las terribles consecuencias económicas que está dejando esta crisis, otra de sus “hazañas” es de de disparar los índices de consultas a psicológicas y psiquiatras, claro síntoma de que las cosas no andan bien para muchas personas. Y cuando digo no andan bien, me refiero a esa burbuja íntima y personal que tenemos todos y cuyo delicado tejido se ha roto, dejando entrar a su peor enemigo, la depresión.

La depresión, como todos sabemos y los especialistas nos llaman a no olvidar- es una enfermedad del alma, corroe la esencia y las tripas de cada ser cuando se instala y sus consecuencias devastadoras dejan cicatrices en la mente y en el corazón. Momentos de desaliento hay muchos y muchos malos tragos, pero no permitamos que la depresión se vuelva una compañera de camino en la vida.

Salvo en los casos estrictamente clínicos, que los hay, la depresión esta asociada a una situación de duelo, de pérdida; la que actúa como detonante de un estado mental, físico, afectivo, emocional y espiritual de tristeza extrema, vacío, soledad y sin sentido de las cosas.

En un primer instante es un proceso sanador de nuestro organismo, de adaptación al cambio, pérdida, dolor, frustración o lo que sea haya provocado ese estado. Es un mecanismo de reacción con que la naturaleza nos ha dotado. Paradójico y contradictorio, como la esencia del alma humana, pero así es.

Es importante no saltarse este proceso, hay que vivirlo, dejar que fluyan las emociones, permitirse esas lagrimas que se escapan… el vacío, la soledad, hay que vivir cada momento, sabiendo que es transitorio, que acabará…

Otras veces la pérdida va a afectar el equilibrio primigenio de la persona, el sustento familiar, la vivienda… Una situación de desempleo es detonante de un fuerte desequilibrio, no sólo emocional, sino que también en todas las esferas de la persona, con el agravante que es el momento en que mayor serenidad y control de las emociones necesitamos para salir airosos de la situación.

Ojalá todo el mundo tuviera mucha suerte y encontrara rápidamente un trabajo, el mejor antídoto para la depresión. Pero lamentablemente esto no es así y más aún en las actuales circunstancias de la economía en todos los países. Por lo que la situación de desempleo se va convirtiendo en depresión al ritmo del paso de los días y de las entrevistas y búsquedas sin resultado.
Cuando la depresión te ataca, cuesta echarla, cuesta sacarse esa sombra dolorosa que se carga y que hace que todo cueste… vivir, respirar, sonreír… levantarse por las mañanas… Todo.

¿Fármacos y ayuda profesional?... ¿Terapia?... ¿Sanación alternativa? Todas son opciones válidas, justificando la utilización de la primera sui el cuadro es muy severo y hay una fuerte alteración de los ácidos cerebrales. Lo importante es ser honestos con nosotros mismos y reconocer que tal vez una mano no vendría mal… Si se puede.

Pero independientemente de las alternativas mencionadas, de todas ellas, hay un factor fundamental que es la clave para salir de la depresión. Y ese está en cada uno y una. Tiene que llegar un momento en que te miras al espejo y hay que decir… Hasta aquí!!!

Vivir en depresión no va a mejorar las cosas, ni las circunstancias personales de nadie, no va a revertir la pérdida ni va a ayudar a encontrar un nuevo trabajo. Simplemente nos mantendrá atadas y atados a su larga cadena del dolor, esa que llega a todos los rincones del alma.

La crisis, las crisis, son inherentes a nuestra condición humana, son poderosas instancias de transformación personal, de autosuperación y de crecimiento. Y esta crisis global que estamos viviendo es una muy gorda, posiblemente de las más gordas que hemos vivido como especia y también como civilización, por lo menos desde la revolución industrial.

Pero las crisis se acaban y pasan, hasta la próxima. La apertura de mente y corazón no pasa por asumir la crisis, sino que encontrar la forma de dejarla atrás, sea del tipo que sea. Hace falta valor, trabajo interno y para quienes la tengan o la busquen, un poco de fe, del tipo que sea, pero fe. La depresión es un estado mental opuesto al de la sanación y el crecimiento. E insito, no importan cuales sean las circunstancias personales de cada uno y una, pero el mecanismo de salida para todos y todas, siempre es el mismo.

Posiblemente no encontremos de inmediato la salida, pero con un poco de actitud, es posible que encontremos el camino. Creceremos, aprenderemos, estaremos más grandes y claro, más viejos, pero eso ya es parte del pedigrí personal.

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