Del acoso al feminicidio: el caso de Eyvi Agreda

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 Del acoso al feminicidio: el caso de Eyvi Agreda.
 Narración: Augusto Ellacuriaga

La noticia del fallecimiento de la joven Eyvi Agreda enlutó a todo el Perú y volvió a poner de manifiesto, una vez más, que las mujeres peruanas se encuentran totalmente desprotegidas ante el ataque de acosadores, siendo vulneradas en el trabajo, en el bus, el metro, en las calles, hasta en sus hogares; situación que ha generado una ola de violencia que no tiene cuando parar.

Eyvi Liset Ágreda Marchena, una bella joven de 22 años procedente de Jaén (Cajamarca), llegó a Lima, capital de Perú, con el anhelo de progresar. Durante una estancia como mesera en un servicio de cafetería, conoció a Carlos Javier Hualpa Vacas, cocinero de 36 años, quien posteriormente se convertiría en su acosador y asesino.

Luego de entablar amistad por un breve tiempo, Hualpa le confiesa sus sentimientos, siendo rechazado en primera instancia. A pesar de lo ocurrido, ambos continuaron su amistad y se mantuvieron en contacto por vía telefónica y WhatsApp. Progresivamente la obsesión del sujeto por la joven fue tomando un rumbo distinto. Empezó con el acoso, el reglaje, hasta llegar a subir a varias unidades de transporte público, en su afán de encontrarla, el día que perpetró su demencial ataque.

En un extracto de lo manifestado por Hualpa ante el Ministerio Público y la Policía Nacional de Perú, se lee lo siguiente:

Nunca llegamos a tener una relación sentimental. Le propuse estar juntos en octubre del 2015. Ella se negó. Me dijo que tenía enamorado. Yo no sabía eso.

Consumido por la obsesión y el despecho, el martes 24 de abril del año en curso, Javier Hualpa decide quemar viva a Eyvi Ágreda en un bus en marcha que circulaba por el distrito de Miraflores, en Lima. Según lo relatado por el atacante, siguió a la joven sigilosamente sin que ella se diera cuenta, abordó el bus de la línea 8 que cubre la ruta San Juan de Lurigancho-Chorillos donde se trasladaba la víctima, y en un tramo del distrito de Miraflores, le roció gasolina que había llevado camuflado en una botella de yogurt de 1 litro a medio llenar para posteriormente prenderle fuego con un fósforo que arrojó a su víctima.

“Yo no quería echarle todo, solo quería echarle a su rostro”, manifestó el victimario haciendo alusión a que solo quería desfigurarle el rostro como forma de escarmiento por el rechazo.

A pesar de ser asistida por el chofer del bus, pasajeros y bomberos que acudieron a su auxilio inmediatamente, el ataque le causó quemaduras de segundo y tercer grado en más del 60 % de su cuerpo. Además de Eyvi Ágreda, el fuego alcanzó a 10 pasajeros que viajaban en el bus, quienes sufrieron quemaduras de menor grado. El atacante también fue alcanzado por las llamas del fuego, padeciendo quemaduras en la mano y el brazo izquierdo.

Javier Hualpa astutamente bajó por la parte posterior del vehículo y huyó de la escena del crimen, corriendo por las calles miraflorinas, tal como se aprecia en videos de seguridad reportados por los medios de comunicación locales. Posteriormente, el atacante fue trasladado por su hermana a un centro médico de Essalud para que le curen sus heridas.

Por su parte, la víctima fue trasladada de emergencia al hospital Guillermo Almenara y programada para una serie de operaciones reconstructivas, sumando un total de 12 intervenciones durante los 38 días que permaneció hospitalizada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Las primeras cinco fueron para retirar el tejido quemado, las demás para aplicarle injertos de su propia piel, injertos de piel de cerdo e injertos cultivados en el Banco de Tejidos del Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN). La paciente fue inducida al sueño a fin garantizar su mejoría y evitar el intenso dolor que la aquejaba, producto de las quemaduras sufridas. Luego de 14 días de haber sido internada, la joven despertó, continuando bajo la atenta supervisión de los médicos del área de cuidados intensivos.

Al recibir la visita de sus familiares, Ágreda manifestó que a pesar de lo sucedido quería vivir para seguir adelante pese a todas las dificultades. Nunca le revelaron, sin embargo, quien había sido el autor de tan brutal ataque.

Al día siguiente del ataque, Hualpa fue capturado por la Policía Nacional en su vivienda del distrito de Carabayllo, cuando los agentes del orden fingieron ser representantes de servicios sociales de un conocido restaurante donde laboraba, y al cual no había acudido a trabajar debido a lesiones ocurridas en uno de sus miembros superiores.

El lunes 28 de abril la joven cajamarquina sufrió una descompensación y tuvo que ser intubada. Los médicos lucharon por salvarle la vida, pero muy a pesar de los denodados esfuerzos, el viernes 1 de junio su cuerpo no resistió la infección generalizada y falleció tras 38 días de aferrarse a la vida.


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Contribuyeron a esta crónica Isabel Palacios y Augusto Ellacuriaga.
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