Orgasmo femenino

El orgasmo femenino siempre ha sido una preocupación para el hombre, y es que para muchos es el indicador natural de que el acto sexual ha sido satisfactorio, sin embargo, ¿Es realmente un indicador? La pregunta no es sencilla si se consideran elementos históricos, científicos y literarios, pues la sociedad se ha preocupado de crear una nebulosa alrededor de un tema sensible para hombres y mujeres.

El orgasmo en hombres y mujeres siempre se asocia al disfrute, la recompensa natural del acto sexual, y también la motivación por la cual buscar tener sexo cada vez que se pueda, hecho que complica aún más la confusión en los hombres. Analizar la función del orgasmo en el hombre no es tan complejo, ya que simplemente se asocia a una etapa obligatoria antes de la eyaculación, función primordial en la reproducción de la especie y por lo mismo irrenunciable para él ¿Pero qué ocurre con las mujeres?

Las mujeres pueden tener sexo e hijos sin necesidad de haber sentido un solo orgasmo, y eso preocupa y llena de dudas a quienes se sienten “inferiores” por no ser capaces de proporcionar placer a la mujer. El consuelo para aquellos que se preocupan de conocer el por qué del orgasmo femenino viene dado por argumentos como el que muestra un estudio hecho por el investigador Gerst Holstege 1, el cual indica los motivos por los que una mujer no llega a sentir un orgasmo van desde el frío en los pies, hasta encontrar que el hombre no es inteligente.

Orgasmo en el hombre y la mujer

El orgasmo en el hombre es breve, dura apenas unos segundos y obliga muchas veces a los mismos a descansar antes de comenzar con el mismo ciclo otra vez. Estudios realizados por el sexólogo Alfred Kinsey, muestran que tres cuartas partes de los varones sienten un orgasmo dentro de los primeros dos minutos del acto sexual, situación muy distinta a la vivida por la mujer. Las féminas, muy por el contrario del hombre, no presentan un “orgasmo” como requisito para quedar embarazadas o para producir óvulos, lo que hace concluir que no se trata de una cuestión indispensable en ellas y sólo ha servido –en el común de las veces- como un indicador del disfrute sexual.

Comúnmente se asocia la falta de orgasmos en la mujer al tamaño del pene del hombre, cual es otro de los mitos urbanos que acompleja a éstos desde que comienzan el período de la pubertad, donde se compite por ver quién tiene el miembro viril más grande, pensando erradamente que es sinónimo de satisfacción sexual en la mujer. La discusión es ridícula, y el profesor Jared Diamond de la Universidad de California en Barkeley -en su libro “Why sex is fun”- señala que el tamaño del pene es poco importante para la provocación de un orgasmo, pues los orangutanes con un miembro mucho más pequeño que el hombre, son capaces de durar hasta 15 minutos en el apareamiento y usando distintas posiciones sexuales, realidad muy distinta a la humana, donde apenas el coito dura 4 minutos -con suerte en muchos casos-.

La realidad de los orgasmos es variable, muestra de ello es que apenas el 25% de las mujeres los presentan durante el acto sexual, ¿La razón? Genética, carencia de química sexual con la pareja, pies fríos… muchos son los factores que influyen en el hecho de que la mujer no llegue a sentir un orgasmo mientras tiene relaciones. Si bien es cierto, ellas, deberían obtener en el vientre materno el equipamiento necesario para llegar al clímax –nervios, tejidos y músculos relacionados- hay factores que no lo permiten, lo que explica en parte la razón por la cual entre un 5% y un 10% de las mujeres jamás va a poder experimentar aquella convulsión que caracteriza al disfrute sexual, según Elisabeth Lloyd -historiadora de ciencia- quien a su vez se inspira en una teoría de 1979 del antropólogo Donald Symons.

Orgasmo femenino fingido, el peor miedo del hombre

El solo hecho de pensar que la mujer pueda fingir un orgasmo, llena de dudas al hombre, quien de inmediato se cuestiona respecto de su masculinidad, capacidad sexual y de varios otros factores relacionados con su hombría. La reacción masculina es una respuesta que forma parte de una teoría mayor, también relacionada con el origen del orgasmo femenino, pues el análisis que se hace es que la mujer buscará lo que no encuentra en un hombre, en otro ¿Siempre es así? En la práctica no, pero en la naturaleza sí.

Los orgasmos no sólo son parte de los humanos, sino también están presentes en animales como los monos, donde al parecer las hembras buscan en el clímax un método de defensa para evitar que los machos maten a las crías que no son de ellos, de esta forma, buscan intuitivamente copular con la mayor cantidad de machos posibles, para que así éstos no sepan de quien son los hijos, asegura en su teoría la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy. ¿Buscarán las mujeres en el orgasmo una forma de protección del bienestar personal?

Con el paso del tiempo, el llegar a un orgasmo ha constituido en la mayoría de los casos un fin en sí mismo, dejando de lado cualquier idea asociada a la reproducción humana, por ello el hombre se llena de dudas, miedos e inseguridades cuando no ve replicado su “espasmo sexual" en la mujer, pensando que ésta buscará un “macho mejor dotado” para conseguir ese fin imperativo de las modernas relaciones sexuales.

En términos conceptuales, la exaltación sexual no difiere en hombres y mujeres más que por sutiles diferencias, pues en su mayoría provoca los mismos efectos. La llegada al clímax libera del estrés y de la ansiedad, hace que se pase por un trance en el que se apaga el cerebro por un breve instante. Lo interesante de todo es que todas las regiones del cerebro que están relacionadas con el miedo y las alertas, se apagan de forma única y extraordinaria tras un orgasmo.

El orgasmo femenino no es una constante del acto sexual, ya que a pesar de ser una parada obligada para ellos -valga la redundancia- en la mujer la historia es distinta. Es el varón quien tendrá que procurar los elementos indispensables para que ella se sienta estimulada a conseguir el placer máximo asociado a la práctica del sexo, cuestión que para muchos hoy es fin fundamental en el sexo con la pareja.

(1) investigador de la Universidad de Groningen, Holanda

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